23 DE OCTUBRE DE 2017 |
Sociedad

El plan de ajuste de Macri en YPF pone en jaque a la comarca petrolera Rincón de los Sauces.

Escribe Guillermo Avalos (*)

Esta ciudad de más de 40 mil habitantes está enclavada al norte de la Provincia del Neuquén en el límite con Mendoza. Alberga en su región a dos de los más importantes yacimientos de la Argentina; Puesto Hernández, la estrella de YPF a principios de los '90 y el Trapial operado por Chevron desde la década del 2000 que llegó a producir 10.000 m3 día. Ambos en su momento fueron los más importantes en producción de petróleo.

La producción petrolera explica la explosión demográfica, Rincón fue la ciudad qué más creció en Argentina en los últimos 30 años. Paso de 3000 habitantes en el '90 a 15000 en el 2000 y 36000 en el 2010 (según censos oficiales).

Sin lugar a dudas la actividad petrolera es el motor de la localidad. Pero también es una parte vital para la Provincia ya que por los niveles de producción hace importantes aportes en regalías que alcanzan casi el 50% del presupuesto provincial.

Por otro lado, debido a su infraestructura y la cantidad de bases de empresas de servicios, asiste a una zona de gran influencia de más de 100 km a la redonda.
Los telegramas de despidos que llegaron los últimos días pusieron en alerta a la población del norte neuquino. Esta vez, las amenazas llegan desde la operadora de bandera nacional, al menos en el 51% de sus acciones.

Ahora bien, ¿cuál es la razón del achique en la principal operadora de la provincia? Según fuentes especializadas en el tema, “solo obedece a que las operadoras pretenden mas márgenes de ganancias, aún cuando en argentina se paga el petróleo un 35% más que el precio internacional” y agregan, “en este negocio, ninguna operadora pierde”

Los ciudadanos saben bien que este no es solo un problema gremial ni sectorial, es un problema de todo el pueblo y más aún, de toda la provincia.
Cada puesto de trabajo que se pierde impacta negativamente en la economía regional, en las pymes que asisten al rubro petrolero, talleres metalúrgicos y mecánicos, empresas de catering, servicios domésticos, pero también afectan al comercio en general, tiendas y mercados como así también a los trabajadores informales que realizan tareas en la construcción.

Solo la delegación local de la UOCRA registra 250 desocupados que hace tiempo esperan los compromisos de obra pública y la reactivación del sector petrolero sin avizorar un salida favorable, menos ahora que fue de público conocimiento que la tan anunciada obra de Chihuidos está cada vez mas lejos de conseguir financiación.
El sector petrolero recibió 1700 telegramas a los cuales se sumarán más en los próximos días y de seguro rondará en 5000 los alcanzados por la decisión de YPF. A esta lista se le debe agregar la cantidad de “retiros voluntarios” y jubilaciones casi obligadas que ascienden a los 2000 en el último año y medio.

Los memoriosos advierten, "esto ya paso en los ´90 previo a la privatización (de YPF) y no queremos revivirlo”.


(*) Guillermo Avalos es  Profesor de enseñanza Técnica, Dirige la CTA regional Este (Rincón de los Sauces, Añelo, Chañar) de Neuquen, Secretario General de ATEN Rincón de los Sauces.

El cumplimiento de un año de gobierno lleva a la evaluación. Estoy de acuerdo con la alta nota otorgada por Macri a su propio gobierno. La misma se fundamenta en que están en el camino de lo que desean hacer, afianzando una significativa transferencia de ingresos hacia las clases más altas, en detrimento de los sectores más débiles.

Por Carlos Heller (Diputado Nacional - Partido Solidario)

Esa transferencia tiene no sólo altos costos en términos de actividad económica (baja de la demanda, elevados niveles de subutilización de la capacidad instalada, caída de la producción), sino que además deriva en fuertes costos sociales (pobreza, desempleo).
Creo que las políticas implementadas por el gobierno macrista pueden identificarse como un “regreso al pasado neoliberal”, vinculado con cinco ejes:

1. La ya mencionada regresiva transferencia de ingresos, caracterizada por la eliminación de retenciones agrícolas y mineras (y la reducción a los productos sojeros), el alza de tarifas para incrementar la renta en dólares de las empresas energéticas, un blanqueo de capitales que no exige ingresar las divisas al país y eliminaciones de tributos progresivos, entre otras transferencias.

2. Las continuas alusiones del gobierno y grandes empresarios al “fomento de la productividad”, que no encierran otra cosa que la flexibilización laboral y la baja de los costos laborales, a favor de una mayor rentabilidad empresaria.

3. La defensa del Estado subsidiario. Macri lo definió con varias metáforas: como “el canchero”, es decir, el que prepara la cancha de fútbol, y como “el facilitador” de las inversiones y la productividad que rechaza intervenir en los mercados.

4. La apertura de importaciones y liberalización de operaciones cambiarias con los negativos impactos sobre la producción y el financiamiento internos.

5. La puerta giratoria del endeudamiento: los dólares ingresados por nueva y abundante deuda pública se van del sistema vía la conocida fuga de capitales.

Para justificar la situación tan negativa de la economía, aparece entonces el relato de la “herencia recibida” necesario para que el gobierno intente sostener el ajuste que impuso. “Crisis terminal”, “colapso de la actividad”, “hundimiento de los salarios reales”, todos inventos “de lo que hubiera pasado” para demonizar la gestión anterior, que dejó un Estado con baja deuda externa, salarios con elevado poder adquisitivo, alto nivel de empleo, todas variables que en esta gestión se deterioraron. Enfrentar este relato es una verdadera batalla cultural.

El secretario de Formación del partido Unión por la Libertad, Yamil Santoro, opinó para Télam sobre las lecciones que dejó el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos.

Por Yamil Santoro (*)

Trump triunfó contra la mayoría de los pronósticos. Ahora que ya pasó una semana, creo que podemos dejar un poco las pasiones de lado y preguntarnos: ¿Qué podemos aprender del Triunfo de Trump?

1. El establishment político tiene menos control. La política tradicional está en crisis. Los ciudadanos esperan que los candidatos hablen sobre cosas reales, cotidianas, que atiendan a sus problemas, miedos e inseguridades. Trump logró hacerlo a pesar del sabotaje de los medios de comunicación que optaron por negarlo y, en muchos casos, distorsionarlo. Logró posicionarse como un candidato por fuera de las estructuras del poder tradicional y logró capitalizar el descontento ciudadano contra el sistema político; nutriéndose, de alguna forma, del caudal de votos natural del Partido Libertario. Se está debilitando la autoridad de los comunicadores y la comunicación directa está ganando fuerza.

2. El componente populista se abre juego. El discurso de Trump posee características que pueden caracterizarse bajo rasgos populistas y eso genera algunas inquietudes. Confío en que el sistema institucional norteamericano, donde prevalecen las instituciones por sobre las personalidades, servirá de muro de contención a cualquier exceso que este intente cometer. Pero, más allá de los anticuerpos institucionales me parece importante destacar lo expuestos que estamos a candidatos que busquen interpelar de manera directa a los miedos y pasiones. Hoy estamos más expuestos que nunca a una forma de hacer política basada en consignas y que apele a la emotividad por sobre la política con ideas o propuestas concretas. Es posible que veamos campañas cada vez más segmentadas, montadas en la lógica de consolidar clusters electorales en lugar de pensar propuestas de gobierno macro o transversales. Es un riesgo que puede llevarnos a que "francotiradores" logren escalar interpelando a sectores puntuales en detrimento de programas más generales y mejor desarrollados.

3. La globalización genera oportunidades y amenazas electorales. El proceso de crecimiento acelerado de ciertas economías -especialmente las asiáticas- sustentado en un capitalismo con escasos derechos laborales y democráticos ha puesto al resto del Mundo en vilo. Occidente enfrenta un gran desafío en relación a la posibilidad de mantener la estabilidad interna y los niveles de bienestar a partir de cambios radicales en el mercado laboral. Por un lado hoy existe un nivel de tecnificación tal que nos permitiría sustituir grandes cantidades de empleo por maquinaria y, por el otro, existen países con salarios muy bajos contra los cuales países con economías capitalistas y democracias consolidadas no pueden competir. Esto genera una doble amenaza a los puestos de empleo, especialmente en al segmento menos calificado. El triunfo de Trump, que más de una vez se ha expresado a favor de medidas proteccionistas, es también consecuencia del miedo de la ciudadanía americana ante este escenario mundial. Si bien uno podría argumentar que esta realidad internacional nos ofrece la posibilidad de mejorar el salario real de manera significativa importando productos más baratos, a su vez amenazar los métodos de organización, producción y subsistencia de varias comunidades. En ese marco, tenemos el desafío de anticipar los conflictos que estas nuevas realidades pueden generar y pensar esquemas de transición que nos permitan aprovechar las oportunidades sin que logre prosperar el miedo o nos veremos pronto ante el riesgo de que caigamos en la tentación populista y/o nacionalista. Entiendo que Trump es, en parte, reflejo de este miedo. A nivel local, creo que el Gobierno de Mauricio Macri está haciendo lo propio para lograr llevarnos por esta transición buscando aumentar la productividad para ganar competitividad. Quien no logre surfear esta nueva ola bien puede caer en manos de expresiones extremistas o ante los voceros del pensamiento mágico.

4. El futuro es incierto. La victoria de Trump nos demuestra que muchas veces las estimaciones que se dan a conocer se realizan con información insuficiente o sesgada. En materia social no se pueden ofrecer predicciones ciento por ciento certeras sobre el futuro. En el mejor de los casos podemos analizar tendencias o esquemas de incentivos. Inevitablemente basamos estas estimaciones en comportamientos observados en el pasado. Siempre está la tentación de pensar que sabemos más sobre el futuro de lo que realmente podemos predecir. Es fácil ser seducido por quien nos vende certezas para tapar incertidumbres, pero tenemos que ser prudentes. Esta fatal arrogancia de pensar que podemos dominar con nuestros modelos e ideas al futuro cuesta más caro que lo que uno puede imaginar. Por ejemplo, los gobiernos autoritarios tienden a basarse en la convicción de algunos burócratas pueden tomar mejores decisiones que millones de personas para organizar sus vidas o la economía. El Futuro nos demanda prudencia a la hora de pensarlo y tratarlo.
Son algunas reflexiones que espero ayuden a orientar nuestra manera de encarar los desafíos que tenemos por delante para que Argentina logre aprovechar las ventajas que ofrece el Siglo XXI. El Cambio se sostiene con previsión y prudencia pero también con un toque de osadía.

(*) Abogado. Secretario de Formación del partido Unión por la Libertad.

El prestigioso BBC Mundo alerta sobre un triste final para el gobierno de Macri. Podría volverse a los escenarios del pasado.

Por Daniel Pardo
danielpardobbc

En Argentina, un grupo cada vez más grande y diverso de economistas y políticos muestran preocupación por los niveles inéditos de endeudamiento a los que ha llegado el gobierno de Mauricio Macri, a un mes de cumplir un año en el poder. Saben que se va a quedar sin dinero para pagar a los emisores de deuda.

Este nerviosismo contrasta con el entusiasmo que se siente en algunos círculos y medios de comunicación, que celebran con frases como “no terminamos como Venezuela” el viraje de las políticas “populistas” del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.Con el cambio de forma y algunas medidas concretas –como ajustar tarifas de servicios públicos, negociar con la oposición y buscar más transparencia en las cifras– Macri logró generar la suficiente confianza interna y externa para pagar una deuda de US$ 9.300 millones con tenedores de bonos.

Con eso, Argentina volvió a los mercados internacionales después de 15 años. Y sí que lo ha aprovechado.

En estos 11 meses, gobierno, provincias y bancos argentinos han recibido US$40.000 millones en préstamos, con lo que la deuda pública queda en cerca de US$200.000 millones, que representan casi el 30% del Producto Interno Bruto (PIB).

Los números son alarmantes para algunos economistas; no por lo que revelen en sí, porque a niveles latinoamericanos Argentina sigue siendo uno de los países menos endeudados.

Lo que temen, más bien, es que la llamada “lluvia de dólares” pueda echar para atrás todo lo “bueno” que consideran se ha hecho para bajar la inflación, reducir el déficit y recuperar el crecimiento.

El mayor reto de Macri es lograr un ajuste profundo de las políticas públicas que permita equilibrar las cuentas sin que esto le torne el país en un mar de protestas.
Los traumas del pasado

El temor tiene el trasfondo en experiencias anteriores, cuando un alto déficit fiscal se financió con emisión de deuda sin la resolución estructural de la manera como Argentina paga sus cuentas.

Pasó, guardadas las proporciones, en 2001, cuando el esquema de financiamiento internacional se cerró de repente en medio de una profunda crisis política y económica que terminó en el famoso “corralito” (la restricción de los depósitos bancarios) y en una explosión social que dejó 39 muertos.

Pasó, también, en 1989, cuando varios planes gubernamentales para contener la inflación usando préstamos para financiar el déficit no funcionaron y se creó un ambiente de incertidumbre que disparó la fuga de capitales, generó hiperinflación y aceleró la salida del poder del entonces presidente, Raúl Alfonsín.

Y pasó durante el régimen militar en 1979, cuando el gobierno de facto hizo varias minidevaluaciones sin reducir el gasto y no pudo contener la pérdida de reservas, lo que obligó a hacer una devaluación traumática y llegar, una vez más, a rozar la hiperinflación.

Argentina, en su nueva etapa, ha recibido apoyo de varios frentes, entre ellos de Estados Unidos: Barack Obama y el Secretario del Tesoro, Jack Lew (foto), estuvieron en Argentina, en un gesto de aprobación.

Los argentinos saben del riesgo que implica emitir deuda, un mecanismo de financiación que en teoría es necesario y todos los gobiernos del mundo utilizan.

No en vano la deuda es uno de los aspectos que más utiliza la expresidenta Cristina Fernández, que representa a una facción importante de la oposición, para criticar a Macri.

“¿Adivinen quién lo va a pagar?”, se preguntó en una reciente intervención difundida en las redes sociales.

“No va a ser la banca extranjera, no va a ser el gobierno; van a ser los millones de argentinos y argentinas”.

Por qué puede ser un problema

Por mucho que sean críticos de Cristina Fernández, algunos analistas que cuestionan el endeudamiento del gobierno Macri comparten la preocupación de la exmandataria.

Aunque los analistas dicen que el ajuste no se ha hecho, el aumento de las tarifas de servicios públicos fue traumática para muchos argentinos, que viven con una inflación del 40% anual.

Y, en términos generales, lo explican así: los préstamos que ha recibido el gobierno no se están gastando en planes a largo plazo que puedan generar el dinero para cancelar esa deuda, sino en pagos de caja menor, reducción del déficit fiscal y aumento de las reservas internacionales.

La pregunta es qué va a pasar con la deuda y el gasto del gobierno el próximo año.

Los expertos consultados por BBC Mundo explican que las inversiones mixtas y privadas de hasta US$50.000 millones que Macri dice haber consolidado no son del todo directas y son consideradas “inversiones golondrina”.

En otras palabras, son capitales que pueden volver a salir del país en cualquier momento de incertidumbre o crisis internacional.

Macri ha mantenido los altos niveles de gasto público del gobierno anterior, en parte debido a la presión que ejercen sindicatos y gremios y en parte, aseguran analistas, porque en 2017 habrá elecciones legislativas.

Argentina tiene uno de los niveles más altos de gasto público de la región, que en un 80% se destina a servicios sociales (salud, educación o vivienda) y económicos (infraestructura, fomento o transferencias).

Si el gobierno sigue gastando más de lo que tiene, coinciden los especialistas, tarde o temprano, de una u otra manera, se va a quedar sin dinero para pagar a los emisores de deuda.

Y, con eso, podría volverse a los escenarios del pasado.

BBC Mundo habló con el Ministerio de Hacienda y Finanzas en busca de un comentario para este artículo, pero no obtuvo respuesta concreta hasta el momento de publicación.

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