24 DE NOVIEMBRE DE 2017 |
Política

ALAI AMLATINA, 20/11/2017.- La clase capitalista transnacional está invirtiendo miles de millones de dólares en la rápida digitalización del capitalismo global como salida para el excedente de su capital acumulado, a la vez que busca nuevas oportunidades de inversión en la construcción de un Estado policiaco global.  ¿Pero será suficiente la rápida expansión de estos dos sectores de la economía global para evitar otra crisis catastrófica?.

William I. Robinson (*)

Los datos económicos internacionales señalan, más bien, que la economía global está al borde de otro colapso.  Las condiciones estructurales subyacentes que desataron la Gran Recesión de 2008 siguen vigentes mientras la nueva ronda de reestructuración de la economía global ya en marcha tenderá a agravar las mismas.  Estas condiciones incluyen niveles sin precedente de desigualdad, de endeudamiento público y privado, y de especulación financiera.  El detonante de una nueva crisis podría ser el estallido de la burbuja bursátil, sobre todo en el sector tecnológico, el impago de la deuda pública o de los hogares, o el estallido de una nueva conflagración militar internacional.

El débil crecimiento económico se ha mantenido desde 2008 gracias a los instrumentos monetarios tales como la “facilitación cuantitativa” y los rescates financieros, junto con una escalada de deuda de consumo, una oleada de inversión especulativa – sobre todo en el sector tecnológico – y niveles cada vez mayores de especulación financiera en el casino global.  Sin embargo, ahora los bancos centrales están llegando a los límites de los instrumentos monetarios.

En Estados Unidos, que desde hace tiempo ha servido de “mercado de última instancia” para la economía global, la deuda de los hogares está en su nivel más alto de su historia desde la postguerra.  Los hogares estadounidenses en 2016 debían casi $13 billones de dólares en préstamos estudiantiles, deuda de tarjetas de crédito, prestamos automovilísticos, e hipotecas.  En casi todos los países de la OCDE la relación de ingresos a la deuda de los hogares se mantiene en niveles históricos y ha seguido en franco deterioro desde 2008.  El mercado global de bonos – un indicador de la deuda total gubernamental a nivel mundial – se ha disparado desde 2008 y ahora rebasa los $100 billones.

Mientras tanto, la brecha en la economía real y el “capital ficticio” se ensancha cada vez más mientras la especulación financiera se convierte en una espiral fuera de control.  El producto mundial bruto, es decir, el valor total de los bienes y servicios producidos a nivel mundial, era de $75 billones en 2015, mientras la especulación en monedas ascendió ese año a $5.3 billones al día y el mercado global de derivados se estimó en unos alucinantes $1.2 trillones.  Los más previsores entre la élite transnacional han expresado una creciente preocupación sobre la fragilidad de la economía global y el espectro del estancamiento crónico a largo plazo.  El ex-funcionario del Banco Mundial y de la Tesorería estadounidense, Lawrence Summers, advirtió el año pasado del “estancamiento secular” en la economía global, la que “ha entrado en territorio desconocido y peligroso”.  Sin embargo, estas élites no están dispuestas a reconocer el telón de fondo del malestar económico, como es el problema insoluble del capitalismo, la sobre-acumulación.

La Sobre-Acumulación: Talón de Aquiles del Capitalismo

La economía global sigue adoleciendo del talón de Aquiles del capitalismo: la sobre-acumulación.  La polarización de los ingresos y la riqueza es endémica al capitalismo ya que la clase capitalista posee los medios de producir la riqueza y por ende se apropia en forma de ganancia la mayor cuota de la riqueza que produce colectivamente la sociedad.  Si los capitalistas no pueden vender (o “descargar”) los productos de sus plantaciones, fábricas, y oficinas, no pueden sacar ganancia.  Esta polarización, si no se controla, resulta en crisis – en estancamiento, recesiones, depresiones y convulsiones sociales.

Al lanzarse a la globalización desde los 1970 y en adelante, la emergente clase capitalista transnacional, o CCT, logró eludir la intervención estatal en el mercado capitalista y socavar los programas redistributivos que habían sido establecidos a raíz de la Gran Depresión de 1930.  La CCT promovió una vasta reestructuración neo-liberal, la liberalización comercial y la integración a la economía mundial.  Las políticas públicas han sido reconfiguradas mediante la austeridad, los rescates, los subsidios corporativos, el endeudamiento gubernamental y el mercado global de bonos, todo lo que permite al Estado efectuar el traslado directo o indirecto de la riqueza de las clases trabajadoras a la CCT.

El resultado ha sido niveles sin precedente de desigualdad global que, lejos de disminuirse, se han disparado a un ritmo asombroso desde 2008.  De acuerdo con la agencia pro-desarrollo Oxfam, el uno por ciento de la humanidad controla más de la mitad de la riqueza del mundo y el 20 por ciento más rico posee el 94.5 por ciento de esa riqueza, mientras el restante 80 por ciento tiene que conformarse con tan solo el 5.5 por ciento.  Dada esta extrema concentración de la riqueza, el mercado global no puede absorber la producción de la economía global.  La Gran Recesión de 2008 marcó el inicio de una nueva crisis estructural de sobre-acumulación.  Las corporaciones están inundadas de efectivo pero no tienen oportunidades de invertir ese efectivo rentablemente.  Las ganancias corporativas se dispararon a raíz de la crisis del 2008 y han llegado a niveles casi record al mismo tiempo que los niveles de inversión corporativa han disminuido.

En la medida que se va acumulando este capital no invertido, crecen enormes presiones para encontrar salidas para descargar el excedente.  El Trumpismo en Estados Unidos refleja una respuesta ultra-derechista a la crisis mundial que abarca un neo-liberalismo autoritario al lado de una movilización neo-fascista de los sectores descontentos, y a menudo nativistas, de la clase obrera.  Sin embargo, este neo-liberalismo represivo termina con restringir aún más el mercado y por lo tanto agrava la crisis subyacente de sobre-acumulación.

La CCT se ha dirigido a dos salidas para descargar el excedente.  Una es la acumulación militarizada.  Las guerras contra las drogas y el terrorismo, la construcción de los muros fronterizos, la expansión de los complejos prisión-industrial, los regímenes de deportación, los aparatos policiacos, militares y de seguridad, se convierten en fuentes importantes de generación de ganancias promovidas por el Estado.  El presupuesto del Pentágono se incrementó en un 91 por ciento en términos reales entre 1998 y 2011, mientras las ganancias de la industria militar casi se cuadruplicaron durante este período.

He aquí una convergencia alrededor de la necesidad política que tiene el capitalismo global para el control social y la represión, y su necesidad económica de perpetuar la acumulación frente al estancamiento.  Poniendo al lado la cada vez mayor retórica guerrerista de Trump, existe un impulso intrínseco hacia la guerra del rumbo actual de la globalización capitalista.  Históricamente las guerras tienden a sacar al sistema capitalista de la crisis mientras también sirven para desviar la atención de las tensiones políticas y de los problemas de la legitimidad.

La Digitalización del Capitalismo Global

La otra salida ha sido una nueva oleada de especulación financiera en los años recientes, sobre todo en el sobrevalorado sector tecnológico.  El sector tecnológico está ahora en la vanguardia de la globalización capitalista e impulsa la digitalización de la economía global en su conjunto.  Karl Marx declaró en El Manifiesto Comunista que “todo lo sólido se esfuma al aire” frente al ritmo vertiginoso de cambio causado por el capitalismo.  La economía mundial ahora está en el umbral de otro período de reestructuración masiva.  En el núcleo de esta reestructuración está la economía digital basada en una tecnología informática más avanzada, en la recolección, el procesamiento y el análisis de los datos, y en la aplicación de la digitalización a todos los aspectos de la sociedad global, incluyendo la guerra y la represión.

La tecnología de la computación y la informática introducida por primera vez en los años 1980 proporcionó la base tecnológica original para la globalización.  La primera generación de la globalización desde esa década y en adelante consistió en la creación de un sistema globalmente integrado de producción y finanzas, mientras la digitalización más reciente y el surgimiento de las “plataformas” han facilitado una muy rápida transnacionalización de los servicios.  Ya para 2017, los servicios representaron el 70 por ciento del total del producto bruto mundial.  Las plataformas se refieren a las infraestructuras digitales que posibilitan la interacción entre dos o más grupos.  En la medida que la actividad económica depende cada vez más de las plataformas, el sector tecnológico se vuelve cada vez más estratégico al capitalismo global.  La digitalización y la transnacionalización de los servicios ahora pasan a ocupar el centro de la agenda capitalista global.

En años recientes ha habido otra oleada del desarrollo tecnológico que nos ha llevado al umbral de la “4ra revolución industrial”, basada en la robótica, la impresión en 3D, el Internet de los Objetos, la inteligencia artificial (IA), el aprendizaje automático, la bio- y nanotecnología, la computación cuántica y en nube, nuevas formas de almacenamiento de energía, y los vehículos autónomos.  Si bien el sector tecnológico que impulsa esta nueva revolución constituye solamente un pequeño porcentaje del producto bruto mundial, la digitalización abarca la economía global en su totalidad, desde la manufacturera y las finanzas a los servicios, y tanto en el sector formal como en el informal.  Está en el mero eje de todos los procesos relacionados con la economía global, desde el control y la subcontratación de los trabajadores y la flexibilización de los procesos productivos, hasta los flujos financieros globales, la coordinación de las cadenas de suministro, subcontratación y tercerización, mantenimiento de registros, comercialización (“marketing”) y ventas.

En su estudio Platform Capitalism, el politólogo Nick Srnicek muestra como los inversionistas institucionales, sobre todo los muy especulativos fondos de cobertura y mutualistas, colocaron miles de millones de dólares en el sector tecnológico desde la Gran Recesión del 2008.  El sector tecnológico se convirtió en una enorme salida para el capital no invertido frente al estancamiento.  La inversión en este sector pasó de $17 mil millones en 1970, a $65 mil millones en 1980, y luego a $175 mil millones en 1990, a $496 mil millones en 2000, y a $654 mil millones en 2016.  Un puñado de compañías norteamericanas de tecnología absorbió enormes cantidades de efectivo por parte de los financieros desesperados por encontrar nuevas oportunidades de inversión rentable.  En 2017, Apple había acumulado $262 mil millones de dólares de reserva, mientras Microsoft registró un total de $133 mil millones de reserva, Alphabet (la sociedad matriz de Google) tuvo $95 mil millones, Oracle tuvo $66 mil millones, etcétera.

Los defensores del actual orden dominante aducen que la economía digital generará trabajos altamente adiestrados y bien pagados y que resolverá los problemas de la polarización social y el estancamiento.  Pero todo indica todo lo contrario: la economía digital acelerará la tendencia hacia un cada vez mayor desempleo y subempleo junto con una mayor ampliación del empleo precario y casual.  Estamos a punto de ver la aniquilación digital de mayores sectores de la economía global.  Cualquier cosa puede ser digitalizada y toda cosa será sometida a la misma.  La automación se extiende actualmente de la industria y las finanzas a todas las ramas de los servicios, aun a la comida rápida y a la agricultura, en la medida que los miembros de la CCT buscan bajar los salarios y ganarle a la competencia.  Se espera que la automación incluso reemplace a mucho trabajo profesional, tales como los abogados, los analistas financieros, los médicos, periodistas, contadores, evaluadores de riesgos, y los bibliotecarios.

En Estados Unidos el incremento neto de puestos de trabajo desde 2008 ha sido casi exclusivamente de acuerdos laborales inestables y mal remunerados.  En Las Filipinas un ejército de 100,000 trabajadores subcontratados ganan unos cientos de dólares mensuales para revisar el contenido de los medios sociales tales como Google y Facebook y en el almacenamiento en la nube para borrar imágenes ofensivas.  Pero aun ellos serán reemplazados por la tecnología digital, al igual que millones de trabajadores que laboran alrededor del mundo en los centros de llamadas, en el ingreso de datos, y en software.

La Guerra Digital y el Estado Policiaco Global
 
La digitalización hace posible la creación de un Estado policiaco global.  En la medida que dicha digitalización resulta en una mayor concentración de capital y agudiza la polarización, los grupos dominantes recurren a la aplicación de las nuevas tecnologías de control social de masas frente a la resistencia entre los precarizados y los marginados.  La función dual de acumulación y del control social se realiza con la militarización de la sociedad civil y la mezcla entre la aplicación militar y civil del armamento avanzado, sistemas de rastreo, de vigilancia, y de seguridad.  El resultado es una permanente guerra de baja intensidad contra las comunidades en rebeldía mientras los teatros de conflicto se extienden de las zonas activas de guerra hacia las localidades urbanas y rurales en todo el mundo.

Los nuevos sistemas de guerra y de represión hechos posibles por una digitalización más avanzada incluyen armamento automático impulsado por la IA, tales como los vehículos no tripulados de ataque y transporte, los soldados robot, una nueva generación de super-drones (aviones no tripulados), fusiles microondas que inmovilizan, ataque cibernético y guerra informática, identificación biométrica, extracción estatal de datos, y la vigilancia electrónica global que permite el rastreo y control de cada movimiento.  La acumulación militarizada y acumulación por represión – desde ya un eje mayor del capitalismo global – podría llegar a ser cada vez más importante en la medida que se fusiona con las nuevas tecnologías de la cuarta revolución industrial, no solo como un medio para mantener el control sino también como salida ampliada para el excedente acumulado que permite aplazar el colapso económico.

En este contexto, el surgimiento de la economía digital parece fusionar tres fracciones de capital alrededor de un proceso integral de especulación financiera y acumulación militarizada en el cual la CCT está descargando miles de millones de dólares en excedente de capital acumulado mientras apuestan en las oportunidades de inversión que ofrece un Estado policiaco global.

El capital financiero proporciona el crédito para la inversión en el sector tecnológico y en las tecnologías del Estado policiaco global.  Las empresas de tecnología desarrollan y proporcionan las nuevas tecnologías que ahora constituyen el eje de la economía global.  Desde que el denunciante de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, Edward Snowden, habló públicamente en 2013, ha salido a la luz un torrente de revelaciones acerca de la colusión entre las empresas gigantescas de tecnología y el gobierno norteamericano y otros gobiernos en pos de la construcción de un Estado policiaco global.  Y el complejo militar-industrial-seguridad aplica esta tecnología en la medida en que se vuelve una salida para canalizar el excedente y hacer ganancia mediante el control y la represión de las poblaciones rebeldes.

La crisis estructural del capitalismo en los 1970 lanzó el mundo al camino de la globalización neoliberal.  El reventón de la burbuja dot-com en 2000 arrojó al mundo a una recesión.  El estallido de la burbuja hipotecaria en 2008 desató la peor crisis económica desde los 1930.  Todo indica ahora que el actual boom en el sector tecnológico está generando una nueva burbuja que podría resultar en otra crisis cuando se reviente, quizás de manera conjunta con impagos de la deuda.  La próxima Gran Recesión probablemente cementará esta fusión de la economía digital con el Estado policiaco global, si es que no hay un cambio de rumbo impuesto sobre el sistema por la movilización de masa y la lucha popular desde abajo.

(*) William I. Robinson es Profesor de Sociología, Universidad de California-Santa Bárbara.

El Papa Francisco y el flamante presidente del Episcopado, Obispo Oscar Ojea

Los curas filo peronistas -liderados por Oscar Ojea- que tomaron el control del Episcopado para poner a Dios, en Argentina, en línea con el Papa. La reforma laboral, primer escarceo con Casa Amarilla.

Fueron Carlos Menem y Néstor Kirchner los últimos presidentes que tuvieron enfrente a una Iglesia que los sermoneaba en público hasta el límite de la flagelación. Opositora a la despenalización del aborto y proclive al encuentro en temas como la AUH y la ley de medios, Cristina Kirchner no tuvo grandes problemas ni antes ni -mucho menos- después de Francisco. El no peronista  Mauricio Macri  puede sentirse bendecido: son muchos los que piensan que fue tratado con guantes de seda en los primeros dos años de su mandato.

Por Diego Genoud

En apenas unos días, la nueva conducción del Episcopado, que asumió la semana pasada, emitió señales que sugieren que no seguirá en el rol que concedió durante la primera etapa del gobierno de Cambiemos. Espectadora, distraída y dialoguista bajo la sotana de  José María Arancedo , la flamante cúpula que inicia un período de tres años parece ir hacia una sintonía más fina con el mensaje del Papa.

El primer criterio que deslizó el flamante presidente del Episcopado, Obispo Oscar Ojea, apuntó directo al corazón de la reforma laboral que Jorge Triaca hijo diseñó, a pedido del Presidente. “Para la Doctrina Social de la Iglesia, el trabajo no es una mercancía, sino que hace a la dignidad de la persona; es el gran ordenador de la vida”, dijo. La definición llegó como parte de un mensaje más general que habla de que “no se vulneren derechos de los trabajadores” y sostiene que el lugar de los obispos “está al lado de los excluidos”. 

Para la CGT, fue un respaldo más que oportuno en medio de la ofensiva pro-empresaria del Gobierno. El agradecimiento llegó este mismo jueves al mediodía, cuando el triunviro Héctor Daer visitó a Ojea para ponerlo al tanto de los acuerdos que la central cerró con el ministro de Trabajo. No se conocían personalmente, pero es probable que trabajen de común acuerdo: en una semana, Daer volará con una comitiva hacia el Vaticano para hablar del trabajo “como clave del desarrollo en el mundo global”.

Las diferencias con el optimismo de época que promociona el Gobierno pueden acentuarse desde el próximo domingo, cuando por primera vez el Episcopado nacionalice la Jornada Mundial de los Pobres que impulsa el papa Francisco.

Después del amplio respaldo electoral que obtuvo Cambiemos en las legislativas y con un peronismo dividido y desorientado, el primer empresario que llegó a presidente quizás se encuentre frente a un actor -hasta ahora ausente- con capacidad de incomodarlo hacia 2019. Con una visión distinta a la del Gobierno sobre el presente e, incluso también, sobre el pasado.

LOS ALIADOS.  De 71 años, obispo de San Isidro que reemplazó a Jorge Casaretto, Oscar Ojea llegó a lo más alto de jerarquía católica después de dos mandatos al frente de Cáritas. En su CV, incluye un antecedente difícil de pasar por alto: haber sido obispo adjunto del cardenal Jorge Bergoglio en la arquidiócesis de Buenos Aires entre 2006 y 2009. “No es un hombre de Francisco, pero es un buen aliado para él”, le dijo a Letra P un miembro de la Iglesia que conoce al hombre que hereda el lugar que ocupó Bergoglio durante seis años de la era kirchnerista.

Con un padre médico que llegó a ser director de radiología del hospital Ramos Mejía, una madre que fue maestra en Cinco Esquinas y un hermano filósofo que vive en España, Ojea tiene otra característica que lo acerca a Bergoglio: se inició joven en el seminario y se dedicó a la tarea pastoral. Su padrino fue el sacerdote Enrique Quarleri, de Lomas de Zamora. Ojea nunca se involucró directamente en política y prefiere el perfil bajo a las declaraciones estridentes. Sin embargo, tiene una preocupación especial por los temas sociales y es parte de una familia católica con ramificaciones hacia el peronismo. Dos primos hermanos suyos fueron secuestrados por un grupo de tareas de la ESMA durante la última dictadura militar y continúan desaparecidos. Otro, que sobrevivió, estuvo preso durante ocho años.

Ojea no llega solo. En la nueva Comisión Ejecutiva, lo secundan Mario Poli -que se excluyó de la disputa por la presidencia del Episcopado- y el obispo de la Rioja Marcelo Colombo, uno de los más jóvenes, de apenas 56 años, que puede ser clave en la nueva etapa. Colombo acredita una historia que tiene bastante poco que ver con la jerarquía católica y es el más querido por el Papa. Fue ordenado sacerdote a fines de los años ochenta por Monseñor Jorge Novak, uno de los contados miembros de la Iglesia que -al frente de la diócesis de Quilmes- denunció los crímenes de la dictadura y acompañó a los organismos de derechos humanos en su reclamo desesperado.

Desde que hizo pie en La Rioja, Colombo se involucró en la investigación por el crimen de Monseñor Enrique Angelelli, el obispo asesinado en 1976 que fue olvidado por la Iglesia por al menos tres décadas. “Estábamos silenciando la voz de Cristo, la sangre de Cristo”, dijo hace no tanto el nuevo vicepresidente del Episcopado para referirse a una omisión que la Curia sostuvo como política de hierro. Con la venia del Papa, reivindicó a la Juventud Obrera Católica que fundó Angelelli en Córdoba, aportó documentación y fue querellante en la causa que terminó con la condena de 2014 al represor Luciano Benjamín Menéndez . Hoy, el mártir que la jerarquía católica negó está en proceso de beatificación en Roma.

PUENTE VATICANO.  Los antecedentes preanuncian un Episcopado más activo en la discusión pública. Los amigos de Ojea afirman que no dejó pasar ninguno de los casos de pedofilia que encontró en San Isidro, cuando arribó a la diócesis que durante años controló Casaretto. También Colombo se enfrentó temprano en La Rioja a  Luis Beder Herrera  por repartir dádivas en plena campaña electoral -el entonces gobernador salió a pedir disculpas después- y se preocupó a partir de 2016 por el cierre de las empresas textiles que se produjo desde que Macri llegó a la Casa Rosada.

Sería una dirigencia eclesiástica más en línea con lo que pregona el sucesor de Ratzinger desde Roma. “Tienen la impronta del Papa. En dos años, la Iglesia no dijo nada. Pero ahora no le van a dejar pasar tan fácil todo a Macri”, le dijo a Letra P un ex funcionario kirchnerista que no se olvida lo que es tener a Bergoglio enfrente.

Durante la primera etapa de Cambiemos en el gobierno, los cruces entre Francisco y el oficialismo casi no rozaron a la conducción del Episcopado, que se mantuvo al margen de los conflictos de la política. Defensores de Su Santidad en Argentina como  Juan Grabois  ven con entusiasmo a la conducción que encabeza Ojea. En una entrevista reciente con la revista Crisis, el dirigente de la CTEP afirmó que Francisco no tuvo poder con incidencia operativa en su país durante la gestión de Arancedo. “En esa institución supuestamente vertical, la indisciplina reinante en las diócesis es llamativa. La Conferencia Episcopal hace lo contrario a lo que él dice en muchos casos. En otros casos, no lo defienden. Están acobardados. Hubo una persecución mediática fuerte contra todo lo que fuera cercano al Papa y la reacción de los obispos frente a eso fue no defenderlo”, dijo.

La Doctrina Social de la Iglesia, que invocó Ojea en su primera aparición pública, puede poner en aprietos la modernización que promociona el gobierno de los CEOs. Habrá que ver si el macrismo logra desautorizar tan fácilmente los argumentos de la Iglesia como los de la oposición partidaria y si llegado el caso la enfrenta, como sugiere una de las recomendaciones de Durán Barba que Cambiemos hasta ahora terceriza o evita.

La nueva conducción también puede estimular los vasos comunicantes entre la CGT y la CTEP, que hace un año confluyeron en un encuentro en Azopardo con la presencia del delegado papal Marcelo Sánchez Sorondo.

La semana que viene, el Papa recibirá noticias de la Argentina por parte de la comitiva de sindicalistas que integran Daer,  Pablo Micheli , el moyanista Abel Frutos, Norberto Di Próspero, Omar Viviani y  Roberto Baradel , entre otros. Todos viajan convocados para el encuentro titulado “¿Por qué el mundo del trabajo sigue siendo la clave del desarrollo en el mundo global?”. Aunque esta vez Grabois no viajará a la residencia de Santa Marta, estará representado por Edgardo "El Gringo" Castro, de la CTEP.

LA AUTOCRÍTICA.   Hay otro punto donde la Iglesia puede diferenciarse de la Casa Rosada y de su propio pasado. En marzo último, Ojea hizo una intervención que ahora cobra más importancia: salió a “aclarar” las palabras de Arancedo en favor de la “reconciliación nacional”, justo cuando la Corte Suprema había fallado a favor del 2x1 que beneficiaba a los genocidas argentinos. “No hay reconciliación sin justicia”, afirmó el nuevo presidente del Episcopado en entrevistas con la agencia AICA y el Vatican Insider con un mensaje bastante diferente al que había propagado el entonces presidente del Episcopado.

“Nosotros hicimos un pedido de perdón en el año 2000, aunque es posible que no haya sido suficiente. Es una probabilidad que este proceso pueda encaminarse a una declaración final, pero aquí ya me estoy aventurando a hablar de algo que debo consultar con mis hermanos obispos. Pienso que eso puede ser posible, pero no me quiero adelantar”, dijo Ojea ante la pregunta por la actuación de la Curia durante la dictadura.

Su mensaje puede contribuir a otro objetivo que tal vez se proponga para su país, a los 80 años, el astuto Francisco: promover una autocrítica algo más profunda que le permita a la Iglesia dejar atrás su complicidad fervorosa con el plan de exterminio de Videla y Massera. Y que lo habilite a él mismo, entonces provincial jesuita, a hacer un último esfuerzo por liberarse de las denuncias que lo persiguen. Aún en la cúspide de las alturas vaticanas.

Fuente: Letra P

El pasado 23.10, durante una conferencia de prensa, el presidente Macri fue preguntado acerca de si el gobierno seguirá tomando deuda o no después de las elecciones del día anterior y su contestación textual sobre este punto concreto fue la siguiente:

"De esto ya hemos hablado bastante, mientras la Argentina tenga déficit fiscal como tiene va a seguir teniendo que tomar deuda porque tenemos un compromiso central que compartimos, como dije anoche, que es reducir la pobreza, y el primer camino para reducir la pobreza es bajar la inflación que es lo que más afecta a aquellos que menos tienen, con lo cual si uno no va a financiar el déficit con inflación lo tiene que financiar con deuda; es algo que como todos sabemos no podemos hacer eternamente. Por eso es tan importante seguir avanzando en esta reducción gradual del déficit fiscal que es un compromiso que asumimos desde el primer día y parte de lo que vamos a hacer de acá a fin de año es aprobar en el Congreso de la Nación un presupuesto que comprometa una reducción del déficit, que el año que viene debería ser menor al 3,2" (se refiere al porcentaje sobre PBI).

Estas declaraciones presidenciales plantean una poco clara y muy discutible interpretación acerca de la relación entre Deuda y Pobreza ya que, según tal razonamiento, la Deuda Pública se necesita para cubrir el Déficit Fiscal y este endeudamiento, a su vez, sería parte de un objetivo central de reducción de la Pobreza a través de menor Inflación.

La teoría de la necesidad de la Deuda para sufragar el Déficit del Estado Argentino es hoy, sin embargo, tan inconsistente como contradictoria porque – por un lado - soslaya que la Deuda es también causal de Inflación (por sus efectos directos como Gasto Público y por el aumento del piso de las Tasas de Interés del Mercado) y porque – por otro lado – omite decir que el problema de la refinanciación de los vencimientos de Capital y el pago creciente de sus Intereses son la principal causa de ese Déficit, que se cubre y retro-alimenta justamente con más Deuda.

Deuda y Déficit Fiscal

El presidente Macri afirma que la Argentina va a tener que seguir tomando Deuda mientras tenga Déficit Fiscal cuando el principal componente explicativo de ese déficit es la Deuda y sus Intereses.

La Argentina no paga un centavo por vencimientos de la Deuda por Capital o Principal sino que renueva íntegramente sus compromisos y además aumenta en forma sistemática su stock con nuevas deudas que no tienen demostración alguna de capacidad de repago, de modo que el saldo de la Deuda Total aumenta indefinidamente y cada vez se pagan más intereses.

Estos Intereses – que se pagan como parte del Gasto Corriente del Estado – constituyen hoy el principal rubro del Gasto Público: suman 319.500 M$ en 2017 y pasan a 406.500 M$ en 2018. 1
Y este incremento sistemático de los intereses pesa cada vez más sobre el Gasto Total y lo hace a un ritmo y proporción más altos que el resto de las erogaciones fiscales.

Según las proyecciones oficiales actualizadas para el 2017 se estima un déficit fiscal de 719.000 M$ 2  (633.800 M$ de déficit por resultado Financiero más 95.200 M$ de intereses que se capitalizan por anatocismo 3 ) y para el 2018 ese déficit total pasa a ser de 804.400 M$ (681.800 más 122.600 respectivamente).

Es decir, que el gobierno Macri no disminuye sino que aumenta en valor absoluto el monto del Déficit del Estado.

Y este resultado financiero se produce con y sin el anatocismo de los intereses.

Este anatocismo – que se resta de las informaciones oficiales sobre Déficit Fiscal porque pasa a convertirse en deuda adicional por Capital – representa hoy el 30 % de los Intereses a Pagar: casi un tercio de los servicios totales por este concepto.
Lo que revela la gravedad de un Estado Deudor que no solamente no puede pagar y refinancia íntegramente las obligaciones de Capital a su vencimiento sino que ni siquiera puede cubrir la totalidad de los intereses respectivos.

Tenemos así que – tomando como base los datos del Presupuesto 2018 y sus estimaciones para lo que resta del 2017 – los Intereses de la Deuda Pública explican el 44.4 % del Déficit Fiscal del corriente ejercicio (319.500 / 719.000 M$) y pasan a ser más de la mitad para el año que viene (50.5 %: 406.500 / 804.400 M$).

Ergo, lo que el presidente Macri está diciendo en la práctica es que su gobierno va a seguir tomando Deuda Pública mientras el país tenga déficit fiscal pero ese déficit va a continuar existiendo indefinidamente porque la gran mayoría de tal déficit es producido precisamente por los Intereses de la Deuda.

Deuda y Pobreza

Una segunda afirmación importante del presidente es tan notable como la primera: que tenemos que seguir tomando Deuda para cumplir un objetivo central de reducir la Pobreza.

Para ello Macri dice que el primer camino para bajar la pobreza es bajar la Inflación y que como ésta es causada por la Emisión Monetaria el Déficit Fiscal tiene que ser financiado con Deuda.

Más este razonamiento conlleva tres errores de pre-concepto concurrentes:

El primer error es que la emisión de dinero no produce Inflación per sé sino según el destino cualitativo de tales emisiones; porque no es lo mismo imprimir billetes para financiar gasto público improductivo – como son los Intereses que se pagan sobre la Deuda Financiera del Estado – que hacerlo para financiar con recursos monetarios propios Obras Públicas y/o de Infra-estructura, que generan Producción y Trabajo.

Tal concepción monetarista de la Inflación se contrapone a la Teoría Cualitativa de la Moneda – formulada hace décadas por el profesor Walter Beveraggi Allende – según la cual el efecto inflacionario de la emisión monetaria no depende del origen fáctico de la emisión sino del destino de los fondos que son objeto de esa emisión de dinero por parte del Estado.

El segundo error es que la falta de Trabajo y el aumento de la Pobreza no dependen tanto de la Inflación ni del Déficit Fiscal como de los planes de ajuste recesivos que los gobiernos llevan a cabo para cubrir el problema de su Deuda Pública, por Capital e Intereses, como ocurre en nuestro caso.

Y el tercer error es que, siguiendo incluso parte del razonamiento oficial al respecto, la Deuda – como principal factor de crecimiento del Gasto Público – es hoy el primer condicionante del Déficit Fiscal; ese mismo déficit que el gobierno Macri utiliza como argumento del mayor endeudamiento del Estado y como excusa para vincularlo como paliativo de la Pobreza.

El aumento del Gasto Público y el Déficit Fiscal así como el incremento de la Inflación y la Pobreza no son la causa determinante de los problemas económico-financieros de la Argentina actual sino el producto inexorable de un Sistema de Deuda Perpetua que se mantiene como Política de Estado.

Con el agravante que el presidente Macri, en un intento de justificar su Política de Gobernar con Deuda, pretende plantear que la alternativa de emisión monetaria sin respaldo es peor que su irresponsable Política de Endeudamiento Público en gran escala sin la más mínima capacidad de repago.-

Lic. Héctor L. GIULIANO
Buenos Aires, 30.10.2017
Archivo: GIULIANO ARTICULO 2017 10 30 MACRI Y DEUDA

1 Los Intereses de la Deuda para el 2018 – según el Proyecto de Ley (PL) enviado al Congreso – constituyen el 15 % del Gasto Público Total pero son, en realidad, el 28 % del Gasto de la Administración Central, que es la que verdaderamente carga con el pago de estos intereses, lo que equivale a decir que casi 1 de cada 3 pesos que se gasta corresponde al servicio de Intereses.
2 Las abreviaturas M$/MD significan Millones de Pesos/Dólares respectivamente y se expresan siempre con redondeo, por lo que pueden darse mínimas diferencias entre totales y sumatoria de términos.
3 El anatocismo es la capitalización de intereses devengados y no pagados, que se transforman así en Capital y generan consecuentemente nuevos intereses en función del Interés Compuesto. Ello significa que el deudor – en este caso el Estado Argentino – no puede cubrir la totalidad de los intereses a pagar y procede entonces a refinanciar una gran parte de los mismos vía capitalización. El anatocismo, bajo estas condiciones, es sinónimo de la Usura. 

La reparación de la infraestructura ferroviaria impulsada por el macrismo, con apoyo de capitales chinos, está orientada únicamente al transporte de carga y beneficia principalmente a los sectores exportadores de granos. El transporte ferroviario de pasajeros no aparece en la agenda.

Germán Mangione

Desde el comienzo de su gestión, el macrismo enarbola la bandera de una supuesta “revolución ferroviaria”. Pero continúa la línea impulsada en la gestión anterior por Florencio Randazzo: importación de maquinaria china y de infraestructura (rieles y durmientes), dejando así toda posibilidad de reactivar la industria nacional, que llegó a emplear a decenas de miles de trabajadores y que hoy mantiene en algunos puntos del país talleres capaces de volver a hacerlo.

Pero más allá de la industria ferroviaria olvidada, un nudo de la discusión es para qué intereses (o para quiénes) se “reactiva” el ferrocarril en Argentina.

El plan central de esta reactivación tiene que ver con la reconstrucción del Ferrocarril Belgrano, obra para la cual Argentina tomó crédito chino; un crédito al que también (por un default cruzado) se ató el crédito a las represas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner en Santa Cruz.

Tal es así que Mauricio Macri volvió con las manos vacías de su gira por China, ante la exigencia del Estado chino de continuar con las represas antes de seguir girando dinero para el Belgrano Cargas o para nuevos créditos.
Cuestión que ya está en marcha a pesar de los reclamos ambientales ante la construcción de las represas.

¿A quién beneficia el plan de reactivación y modernización del Belgrano?

En el III Congreso de Economía Provincial realizado por la Fundación Libertad esta semana, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, fue contundente: la prioridad del gobierno en materia ferroviaria “son los trenes de carga”.
Consultado por el servicio de pasajeros, insistió: “Los trenes de carga son los que desarrollan nuestro interior”.

Esto que hoy dice el ministro, es el libreto que desde hace años repiten (y reclaman) las grandes exportadoras de cereal y los grandes productores agropecuarios, en la voz de la entidad que los agrupa: la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
Según un análisis de la BCR, el uso intensivo del ferrocarril (si ocupara el lugar que tiene el camión en el transporte de granos) podría mejorar el precio de cereales y oleaginosas entre 19% y 27%. Esto sería por un efecto positivo sobre los costos, lo que terminaría por repercutir en la rentabilidad de granos como el maíz, la soja y el trigo, entre el 19% y el 27%; aseguró el director de Estudios Económicos de la BCR, Julio Calzada.

La BCR precisa en su estudio que cada año llegan a los puertos del Gran Rosario aproximadamente 1.500.000 camiones (4.100 por día) que transportan granos, 170.000 vagones ferroviarios (465 vagones diarios) y casi 4.000 barcazas (10 barcazas por día).
El mismo especialista explica que para un productor del NOA o del NEA, que tiene que transportar su producción hasta el Gran Rosario transitando hasta 830 kilómetros, el flete en dólares (a precios del año pasado) utilizando camión asciende a US$ 58,10 por tonelada; mientras que usando ferrocarril el costo sería de US$ 33,20 por tonelada. Así, el ahorro sería de US$ 24,90 por tonelada.

El plan ferroviario, además, permitiría a los productores sojeros extender la frontera de siembra hacia el NOA y el NEA al mejorar esos costos; y así alcanzar el nivel de producción que el macrismo apunta como centro de su modelo agroexportador.
Pero el conflicto con el transporte en camión no es sólo interno, sino que aparece como conflicto para los exportadores en torno al mercado mundial.
El flete camionero argentino es un 150% más caro que el norteamericano, y 70% más alto que el brasileño.

Ellos ganan, el Estado paga

Ante este reclamo de mayor rentabilidad, tanto el Estado nacional como el provincial de Santa Fe no dudan en alinearse en torno al rol que deben cumplir: mejorar la infraestructura para generar mayor rentabilidad a estos grupos.
Así en su visita a la planta china Cofco en la localidad santafesina de Timbúes, junto a Dietrich, el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, aseguró: “Tenemos un fuerte compromiso en sintonía con Nación, en la misma dirección. Los Estados debemos hacer un fuerte aporte a la inversión para infraestructura vial, una apuesta a desarrollar accesos a los puertos que sean más eficientes con menos costos y más productividad”.

Evidentemente la infraestructura de la zona está en crisis. Es allí donde en 70 kilómetros de costa, hay 29 terminales portuarias y 19 de ellas despachan granos, aceites y subproductos a todo el mundo. De esos 19 puertos, 12 tienen fábricas aceiteras anexas.
Zona por la que sale el 78% de las exportaciones de granos, harina y aceites del país.

Sin embargo, el relato kirchnerista antes y el relato macrista ahora, ocultan una operación en la que el Estado vuelve a ser el socio bobo que aporta las obras y la infraestructura: la provincia comprometió mil millones para obras en los accesos portuarios y el Estado nacional comprometió 10 mil millones. Mientras las ganancias son para unos pocos monopolios extranjeros y grandes productores sojeros.

Mientras tanto, en las rutas de la provincia el transporte automotor sigue a la deriva, con concesiones a monopolios como Flecha Bus o Rosario Bus; con accidentes como el del Monticas que se llevó la vida de 13 santafesinos, y con una tasa de accidentes viales que está entre las peores del país.

Por otro lado, como ya dejó claro Dietrich, el transporte de pasajeros no está ni en los planes.
Una vez más, las penas son de nosotros y las ganancias (y los trenes) son ajenos.

Fuente: brujulacomunicacion.com

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