26 DE SEPTIEMBRE DE 2017 |
Espectáculos

Figura de emblemática y larga trayectoria en la radio, el teatro, el cine y la televisión, de la décadas del 50, 60 y 70, dirigida por cineastas como Leopoldo Torre Nilsson, Mario Soffici y Leonardo Favio, murió ayer domingo a los 78 años.

La actriz Elsa Daniel (pseudónimo de Elsa Nilda Gómez), figura de emblemática y larga trayectoria en la radio, el teatro, el cine y la televisión, de la décadas del 50, 60 y 70, dirigida por cineastas como Leopoldo Torre Nilsson, Mario Soffici y Leonardo Favio, murió el domingo a los 78 años, tras una serie de complicaciones de salud.

Nacida en San Lorenzo, Santa Fe, el 28 septiembre de 1938, fue ganadora del primer premio del concurso organizado por el dentífrico Colgate y Salvador Salías, en Radio El Mundo para elegir “Miss Sonrisa 1953”, y un año más tarde debutó en el filme “El abuelo”, de Román Viñoly Barreto, lo que le valió el reconocimiento de mejor revelación femenina según la Asociación de Cronistas Cinematográficos.

En la segunda mitad de la década del 50, formó parte, con Gilda Lousek y Graciela Borges, del grupo de actrices que la prensa especializada bautizó como “las ingenuas”.

De inmediato trabajó en algunos filmes de mayor compromiso, como “Vida nocturna” (1955), de Leo Fleider y “El juramento de Lagardere” (1956), de León Klimovsky, hasta que Leopoldo Torre Nilsson la eligió para “Graciela” (1956), junto al actor chileno Lautaro Murúa, y un año después, con el mismo cineasta y actor, fue el personaje femenino central de “La casa del ángel”.

La personificación de Ana Casco le valdría una mención en el Festival de Cannes de 1957, y un año más tarde, por su trabajo en “Un centavo de mujer”, de Román Viñoly Barreto, habría de recibir el lauro como mejor actriz entregado por el Instituto Nacional de Cinematografía, a la que siguió “Isla brava” (1958), de Mario Soffici.

En 1959, “La caída”, de Torre Nilsson la presentó encarnando con precisión y sugestión a la Albertina imaginada por Beatriz Guido, al año siguiente apareció en “Luna Park”, de Ruben W. Cavalloti y finalmente en 1961 en “La mano en la trampa”, nuevamente a las órdenes de Torre Nilsson, labor premiada -por la Fiap- en Cannes.

A estas obras siguieron “La novia” (1961), de Ernesto Arancibia, “Las furias” (1962), de Viasta Lah, como hija del papel interpretado por Mecha Ortiz, “Los inconstantes” (1963), de Rodolfo Kuhn, “La cigarra no es un bicho” (1963), de Daniel Tinayre, “Un momento muy largo” (1964), de Piero Vivarelli; “Cosquín, amor y folklore” (1965), de Delfor M. Becaglia y “Viaje de una noche de verano” (1965), de varios directores.

En 1967, Leonardo Favio la convocó para ser una de las dos protagonistas femeninas de “Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo su amor quedó trunco, comenzó la tristeza y algunas pocas cosas mas”, donde encarnó a una sufrida muchachita provinciana, que le valió un nuevo premio de la Asociación de Cronistas, esta vez como mejor actriz.

Fuente: Télam

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