17 DE NOVIEMBRE DE 2017 |
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Buenos Aires, martes, 14 de marzo - A partir del año 2016 la nueva administración contrajo cerca de cuarenta mil millones de dólares de deuda a nivel nacional y varias provincias imitaron esa conducta. Un gran porcentaje de ese endeudamiento fue para cerrar el conflicto con los holdouts y salir definitivamente del default, pero el resto fue para financiar el déficit fiscal y recomponer las menguadas reservas del Banco Central.

Por Federico De Cristo (profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral)

De seguir con este ritmo de endeudamiento para financiar el exceso de gasto público, Argentina corre el riesgo de deteriorar sus indicadores de deuda y generar desconfianza en los inversores. Esta desconfianza o mayor percepción de riesgo de default puede llevar a un aumento del costo de la deuda y a menor disponibilidad de financiamiento, lo que podría exponer al país a una crisis de balanza de pagos que resultaría en devaluación, inflación, caída de actividad y aumento del desempleo.

Los países emergentes tienen diferencias considerables respecto de los países desarrollados y una de ellas es que las monedas de los primeros no suelen ser aceptadas para pagos internacionales. Si un país emergente necesita cubrir pagos regulares de importaciones, intereses, dividendos o transferencias, debe hacerlo con divisas. Usualmente, la principal fuente de divisas son las exportaciones del país. Un país con esta característica contaría con superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

En forma extraordinaria, un país emergente puede recurrir al endeudamiento externo para hacerse con las divisas necesarias, pero ello genera la obligación de devolver el capital y de pagar regularmente el interés. Además, en algún momento esto haría necesario aumentar las exportaciones o disminuir las importaciones para cumplir con esos pagos. También en forma extraordinaria un país puede recurrir a altas tasas de interés que atraigan capitales internacionales especulativos de corto plazo que produzcan un ingreso de divisas, o a abrir oportunidades de negocios rentables para atraer inversión extranjera directa. Un país que recurra a estas vías podría tener déficit en su cuenta corriente, que sería financiado con el ingreso de divisas por la cuenta capital y financiera.

Si bien lo expuesto es válido para todos los países, los emergentes suelen tener algunas características peculiares que los diferencian de los desarrollados. Por un lado, los emergentes suelen preferir administrar sus tipos de cambio y evitar abruptas oscilaciones para no generar pánico o inestabilidad financiera. Este fenómeno es llamado "miedo a flotar" y suele estar acompañado por un contexto de mercado de capitales limitado, con ahorro insuficiente para financiar el déficit fiscal y con crédito a plazos menores a los requeridos para la inversión, y que suele financiar al consumo. El endeudamiento externo se presenta como la solución para acceder a montos, plazos y tasas más convenientes para financiar la inversión o el gasto público. Sin embargo, la acumulación de deuda en dólares, fenómeno denominado "el pecado capital de los pa&iacut e;ses emergentes", puede generar una crisis profunda en caso de devaluación, ya que en esa situación el peso de la deuda crecería de golpe. Como consecuencia, se acentúa el miedo a flotar y la administración del tipo de cambio.

En un contexto de endeudamiento en dólares, el miedo a flotar aumenta la dependencia del ingreso de divisas o capitales financieros del exterior para financiar un déficit en cuenta corriente, y expone a un fenómeno denominado parada súbita o "sudden stop", donde la creciente desconfianza en la capacidad de repago del país que se endeuda o recibe los capitales del exterior hace que se corte el crédito externo. El país no puede seguir endeudándose en el exterior y no tiene recursos para afrontar los vencimientos de deuda.

Este cierre de los mercados externos puede generar una crisis de balanza de pagos donde se produce una fuerte salida de capitales de inversores que buscan comprar divisas antes de que la devaluación quite valor a sus inversiones, lo que pone en jaque las reservas del Banco Central y lo lleva a devaluar. El pánico aumenta el salto cambiario, que genera una ola de quiebras por la acumulación de deuda en dólares, impago de compromisos públicos por falta de divisas, aumento de precios, caída del poder adquisitivo del salario, de la demanda y de la actividad, con notable crecimiento del desempleo.

Estas crisis desordenadas son el típico fin de ciclo argentino. Aún estamos a tiempo de evitarlo, ya que el nivel de endeudamiento todavía es moderado. Sin embargo, prolongar el déficit fiscal financiado con deuda externa nos puede volver a llevar a un desenlace no deseado.

Sobre la Universidad Austral: Con sede en la Ciudad de Buenos Aires, Pilar y Rosario, es una institución de educación superior creada por la Asociación Civil de Estudios Superiores -ACES-, entidad civil sin fines de lucro, con personería jurídica e inscripta en el Registro Nacional de Entidades de Bien Público. Destacada como la mejor universidad privada de Argentina según el Ránking QS de América Latina, la Universidad Austral promueve la investigación, imparte ensenanza de grado y postgrado, realiza programas de extensión, y brinda atención sanitaria desde su Hospital Universitario. Está constituida por las Facultad es de Ciencias Biomédicas; Ciencias Empresariales; Comunicación; Derecho; Ingeniería; Hospital Universitario Austral; Parque Austral; IAE Business School; Escuela de Educación; Escuela de Política, Gobierno y Relaciones Internacionales; Instituto de Ciencias para la Familia; Instituto de Filosofía.

Buenos Aires, miércoles, 1 de marzo- Hacer proyecciones económicas aquí y en cualquier país chico, integrado a los mercados internacionales, es una apuesta riesgosa en la que los vientos de frente o de cola pueden hacer la diferencia. Sin embargo, la reactivación de la economía de la Argentina en 2017 muestra un alto grado de consenso. Para los organismos y bancos internacionales las proyecciones se ubican en torno a 3,0% y en el Presupuesto el cálculo asciende a 3,5%. Algunos, más entusiastas, se animan a proyectar aumentos todavía un poco más altos. Más allá del consenso y de las diferencias en las estimaciones, esta reactivación se perfila bastante heterogénea, manifestándose en algunos sectores, pero no en otro s y con marcadas diferencias de ritmo a lo largo y ancho del país.

Por Ana Inés Navarro - (Directora del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral)

Desde fines de 2016, la economía del interior viene mostrando cambios mensuales positivos tanto en producción como en consumo. La agroindustria registra un importante dinamismo en la venta de insumos, equipos y maquinarias. Los datos consolidados del año anterior muestran que las ventas de cosechadoras y sembradoras superaron ampliamente a las del año pasado, una marca fácil ya que 2015 fue un año de ventas muy bajas, pero también se ubicaron 40% y 36% por encima de las de 2014, respectivamente.

El movimiento portuario también está viento en popa: según la Bolsa de Comercio de Rosario, en los puertos ubicados al norte y sur de esa ciudad, ingresaron 2420 buques el año pasado, igualando el número de embarcaciones arribadas en 2011, cuando los precios de los commodities alcanzaron su último récord.

Buena cosecha

La Bolsa estima para este año una cosecha de trigo y maíz 35% y 21% más altas que la anterior, respectivamente. Además, en el caso del trigo, con la eliminación de los derechos de exportación y de las restricciones a las ventas externas, la participación de los productores en la renta de las exportaciones aumentaría 150% respecto del año pasado.

El correlato de este boom de actividad en el interior del país es mayor consumo. Para muestra, basta un botón: la venta de motos, bienes durables mucho más sensible a la coyuntura económica que la venta de bienes de consumo no durables, registró un boom de ventas en enero y tuvo su centro en la región centro con un aumento interanual de 75% en Córdoba y de 72% en Santa Fe, muy por encima del promedio nacional de 61%.

Las últimas mediciones de empleo disponibles -tercer trimestre de 2016- evidencian que en la región centro el empleo urbano está creciendo más que en el resto del país. En Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, la expansión del empleo se ubicó 1,1 puntos porcentuales respecto del promedio de la expansión de los últimos cinco años, destacándose el Gran Rosario donde la brecha alcanza 2,5 puntos porcentuales. A nivel nacional, la brecha es casi nula, apenas 0,3 puntos. Por otra parte, el empleo formal relevado en la Encuesta de Indicadores Laborales es una radiografía precisa de la geografía del despegue de la actividad.

A diferencia del total nacional, en el total de los aglomerados del interior del país y especialmente en Rosario, Córdoba, Jujuy y Bahía Blanca, el empleo se expandió en el último trimestre del año.

Pero la economía mundial se ha vuelto más hostil. Desde 2012, el volumen del comercio mundial crece a una tasa aproximada de 3%; menos de la mitad de la tasa registrada durante las tres décadas anteriores. Los precios de las commodities se recuperaron parcialmente en 2016, pero la victoria de Donald Trump en los Estados Unidos y sus medidas proteccionistas y poco favorables a la regulación medioambiental y por ende a los biocombustibles, crean incertidumbre sobre los mercados de granos y alimentos.

En este escenario comercial y financiero más exigente, sostener la competitividad argentina se presenta como un desafío importante en 2017, más aún cuando el resonante éxito del blanqueo mantiene contenido el valor del dólar y reduce la competitividad cambiaria.

En este contexto, el camino para sostener la competitividad es mejorar sustantivamente la productividad y reducir los sobrecostos que enfrenta la producción local. Es un camino más largo, pero más fructífero. En este sentido van la inversión en infraestructura de transporte del Plan Belgrano y la creación de mecanismos que permitan la participación privada en contratos vinculados a la obra pública. Sin embargo, en ambos casos falta mucho camino por recorrer y mayores precisiones políticas que aseguren un horizonte cierto para estimular a la inversión privada que complemente la pública y se traduzca en una baja sustentable en los costos de las exportaciones nacionales.

Por otra parte, para que la heterogénea reactivación no tenga consecuencias negativas sobre el empleo en los sectores y regiones donde se demora en llegar, se necesita que el Gobierno arbitre mecanismos para la reinserción laboral de aquellos a los que la reactivación no les llegará. Ya se sabe que la empleabilidad de las personas no es inmune a la recesión y mucho menos a los cambios sectoriales. Pero si no es por estas razones, habría que tenerlo en cuenta porque es claro que la luna de miel con los sindicatos ha finalizado y en un año electoral la cuerda se va a tensar más de lo habitual.

Sobre la Universidad Austral: Con sede en la Ciudad de Buenos Aires, Pilar y Rosario, es una institución de educación superior creada por la Asociación Civil de Estudios Superiores -ACES-, entidad civil sin fines de lucro, con personería jurídica e inscripta en el Registro Nacional de Entidades de Bien Público. Destacada como la mejor universidad privada de Argentina según el Ránking QS de América Latina, la Universidad Austral promueve la investigación, imparte ensenanza de grado y postgrado, realiza programas de extensión, y brinda atención sanitaria desde su Hospital Universitario. Está constituida por las Facultad es de Ciencias Biomédicas; Ciencias Empresariales; Comunicación; Derecho; Ingeniería; Hospital Universitario Austral; Parque Austral; IAE Business School; Escuela de Educación; Escuela de Política, Gobierno y Relaciones Internacionales; Instituto de Ciencias para la Familia; Instituto de Filosofía.

Buenos Aires, jueves, 2 de febrero - "El hombre nace libre", decía Rousseau. "Sin embargo -seguía el filósofo francés- por todas partes se encuentra encadenado".

Por ejemplo, la Ciudad de Buenos Aires se ha empeñado en intentar prohibir a Uber, negándose a reconocer los avances tecnológicos y a brindar una reglamentación adecuada a las nuevas realidades basadas en Internet.

Por Fernando Toller (Director del Departamento de Filosofía del Derecho y Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral). Nota publicada en Télam.

¿Qué es primero, la regulación o la libertad? La libertad. Pero la realidad nacional muestra otra cara: los ciudadanos tienen que mendigar al Estado espacios de autonomía.

El Estado regulatorio dicta a diario normas y prohibiciones, a veces sólo justificadas por la regulación como fin en sí misma, perdiendo el eje de toda norma, que es siempre el bienestar del ciudadano. Y la persona que quiere ejercer un derecho debe demostrar que lo coarta una regulación excesiva, que no había necesidad en adoptarla, y que lo legítimo es el ejercicio de su actividad.

¿De que se trata Uber? La aplicación intermedia entre ciudadanos, para hacer disponible información asincrónica, que es la necesidad de una persona de trasladarse y la disponibilidad de otra de proveer a dicho traslado.

¿Es legítimo Uber? El Código Civil y Comercial, en vigencia desde agosto de 2015 y norma suprema del país (arts. 31 y 75.12 de la Constitución), superior a cualquier regulación administrativa local, recoge como contrato lícito al de transporte privado de personas (art. 1280). Ese contrato es una concreción de los derechos fundamentales a trabajar y a ejercer toda industria lícita (art. 14 de la Constitución). La Ciudad de Buenos Aires no puede impedir el disfrute de esos derechos y la realización de ese contrato civil.

Y, sin embargo, algunos funcionarios se empeñan en intentar considerar ilegal la actividad. Además de diversas resoluciones contrarias a la Constitución y a las leyes nacionales, basadas en ocasiones en la voluntad dogmática del agente público, se ha llegado al punto de solicitar el arresto de directivos de la empresa, acciones todas que algunos podrían considerar incursas en el abuso de poder (arts. 20.1, 144 bis, y 248 del Código Penal).

La Constitución sabiamente dispuso hace más de siglo y medio que nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda, ni privado de lo que no prohíbe (art. 19). Se llama principio de legalidad y controla formalmente la norma. Y ha dispuesto también que cuando se dicta una ley reglamentaria de un derecho, la misma no puede alterarlo o menoscabarlo (art. 28). Se llama principio de razonabilidad, y controla la sustancia de la disposición: que tiene un fin legítimo, que los medios para obtener ese fin son adecuados, necesarios y proporcionados, y que respeta el contenido esencial o inalterable del derecho regulado.

El Estado puede regular los derechos: darles cauce para su mejor goce, potenciar su ejercicio y proveer a su armónica convivencia con otros derechos. Al reglamentar, lo que el derecho pierde en posibilidades pre-legales, abstractas y difusas, lo gana en ejercicio real, garantizado por la norma que concretó algunas de esas posibilidades. De esta manera, regular los derechos es lo contrario de alterarlos, limitarlos, de restringir su contenido, algo vedado por la norma suprema. Y menos aún se puede prohibir el ejercicio de derechos fundamentales, como trabajar, o elegir libremente en las relaciones de consumo.

Las cosas van a mejorar cuando quienes gobiernan y legislan entiendan esto y justifiquen cada nueva regulación en su orientación al ciudadano común y no a intereses sectoriales, observando estrictamente tanto el principio de legalidad, como el principio de razonabilidad de las normas.

Por eso, ni toda regulación jurídica es legítima, ni todo debe estar reglamentado. Y lo que precise normarse debe reglamentarse con sabiduría y sólo en la medida indispensable para mejorar el bienestar general.

Nada de esto está sucediendo en el caso Uber. No se busca una regulación razonable, para proporcionar un ámbito de desarrollo adecuado a esa actividad; sólo se enarbola una prohibición que no figura en las normas locales, que no regulan las compañías de redes de transporte, como se denominan estos nuevos servicios.

Es que todavía queda camino a recorrer para "asegurar los beneficios de la libertad", como nos prometía el Preámbulo.

Sobre la Universidad Austral: Con sede en la Ciudad de Buenos Aires, Pilar y Rosario, es una institución de educación superior creada por la Asociación Civil de Estudios Superiores -ACES-, entidad civil sin fines de lucro, con personería jurídica e inscripta en el Registro Nacional de Entidades de Bien Público. Destacada como la mejor universidad privada de Argentina según el Ránking QS de América Latina, la Universidad Austral promueve la investigación, imparte ensenanza de grado y postgrado, realiza programas de extensión, y brinda atención sanitaria desde su Hospital Universitario. Está constituida por las Facultades de Ciencias Biomédicas; Ciencias Empresariales; Comunicación; Derecho; Ingenierí a; Hospital Universitario Austral; Parque Austral; IAE Business School; Escuela de Educación; Escuela de Política, Gobierno y Relaciones Internacionales; Instituto de Ciencias para la Familia; Instituto de Filosofía.

Un sano ejercicio intelectual recomendado por grandes pensadores consiste en viajar imaginariamente en el tiempo, posicionarse en el futuro y mirar al presente como si fuera pasado. A veces las urgencias del aquí y ahora o el dispositivo comunicacional diseñado para conformar “el sentido común” no nos permiten analizar con lucidez la realidad del país, por lo que si nos vamos unos años para adelante, vemos el 2016 y estos días de 2017, podremos sacar algunas conclusiones.

Por Guillermo Justo Chaves (*)

La primera de ellas es que nos encontramos frente al tercer ciclo neoliberal en Argentina. El primero comenzó en 1976 con la dictadura militar, el segundo en los noventa con la década menemista y el gobierno de la Alianza siguiendo el Consenso de Washington y el tercero en 2016  a través de esta nueva “Alianza”, parte de esta ola que abarca a la región, tal como denunció con firmeza el Papa Francisco en su entrevista reciente al diario El País. Todos sabemos de que manera terminaron las experiencias anteriores aquí. Ahora estamos siguiendo el mismo recorrido: ajuste, inflación, caída del consumo, destrucción de aparato productivo, aumento de la desocupación, ahora el decreto de ART y el camino de la flexibilización laboral, etc. El saldo de las dos primeras experiencias son conocidas: caos económico, político y social.

La segunda de las cuestiones que quedará marcada en los libros y que hoy es minimizada aquí –no en el mundo- es la cuestión de los Panamá Papers y el presidente Macri. Charlie Hebdo, la célebre revista francesa víctima del atentado en París, califica a la cuestión como “terrorismo fiscal” y pone a nuestro presidente -entre otros- en tapa. Hay mucho para decir pero la historia será implacable con esta burla a la credibilidad popular y por supuesto a la ley.

El tercer aspecto que marcará la época y que seguramente será motivo de investigaciones, pases de facturas y acusaciones, tal como ocurrió después de la dictadura y los gobiernos de Menem y De la Rúa será el endeudamiento externo sin precedentes. La toma de deuda para pagar a los buitres y tal como dijo el ministro Caputo para utilizar U$S 22.000 para financiar déficit nos ubica en ese imaginario futuro explicándoles a nuestros hijos el por qué de su destino hipotecado. A eso tenemos que sumarle los U$$ 16.000 que se fugaron en 2016, consecuencia de las políticas del Banco Central. Para colmo como una burla del destino, el buitre Singer, no sólo obtuvo lo que quería con creces sino que compró la aerolínea Avianca, que posiblemente comenzará a operar en cabotaje, que a su vez  ¡que coincidencia! había comprado MacAir la empresa de la familia del presidente.

La transferencia de recursos a los sectores más ricos y concentrados de la economía argentina será otro de los hitos recordados. La regresión o reversión en términos de distribución del ingreso ha sido fenomenal por volumen, por la velocidad y ferocidad de las medidas todas en un mismo sentido. Devaluación, quita de retenciones  a las mineras, al trigo y maíz, baja a la soja, quita de subsidios al transporte y a las tarifas de servicios públicos. De todo esto se ha hablado mucho pero ha tenido impacto directo, tiene y tendrá consecuencias indirectas continuas generando una sociedad cada vez más desigual, a contrapelo de la Argentina de clase media.

Dicho esto y volviendo al presente como hombres y mujeres de la democracia no nos permitimos dudar de la legitimidad del presidente ni del gobierno, a pesar de haber faltado a la palabra y estafado al pueblo en su contrato electoral a través de las mentiras de campaña sobradamente chequeadas. Sin embargo, viendo la ausencia de rumbo político claro -mas allá de las medidas económicas propias del más rancio neoliberalismo tomadas en un primer momento por el ala triunfante en la interna con Prat-Gay, con miras a profundizarse -aunque ahora con Gonzalez Fraga al Banco Nación el gobierno se contradice a sí mismo-, uno se pregunta cuál es el proyecto político del PRO en su versión Alianza siglo XXI, “Cambiemos”.

Podemos comenzar desde el origen sosteniendo, y no en demérito de Macri, sino todo lo contrario reflexionando juntos. Hasta que punto su recorrido no se trató de un proyecto personal sostenido en un complejo edípico resuelto finalmente -o no… “los 5 puntos de mi papá son los 10 de otro…” -, con su llegada  a la presidencia? Todos los políticos que llegan tienen mucho de esto, pero que dirían Freud y Lacan, o sus discípulos de la psicopolítica Zizek o la nueva figura el coreano-alemán Byung Chul Han sobre nuestro caso?

Es decir, un proyecto personal del cual todos conocemos la historia: Sevel (SOCMA), Boca, la Ciudad y la Presidencia. Pero un proyecto político requiere algo más que ese recorrido respaldado por el éxito electoral al que se fueron sumando en el camino muchos argentinos. Ese proyecto político donde se plasma una visión del mundo, brilla por su ausencia. Lo único que se percibe es la idea de llevar al país a un “modelo económico” que coincide con su pertenencia social y el discurso dominante del capitalismo global pero que choca con la cultura y el entramado productivo, laboral y social del país. Lo cierto es que, más allá del discurso de la muerte de los “grandes relatos”, los proyectos políticos se sostienen en una épica, un rumbo y un sujeto al cual interpelar. Al no existir eso se utilizan mecanismos vinculados a la antipolítica, algunos más conocidos como el miedo, que saca lo peor de las personas y otros métodos más actuales: el “big data”, las redes, la posverdad (versión siglo XXI de la mentira de Goebbels), el humor social volátil efímero y superficial, o el odio, pero siempre apelando a los sentimientos más egoístas.

Y como muestra clara de la falta de proyecto político lo vemos en las áreas donde el gobierno debe llevar adelante políticas públicas proactivas donde debe mostrar su sesgo o visión. Y allí encontramos la ausencia de política sanitaria, de política de identidad cultural, de industria cultural, o en materia de ciencia y tecnología. Como dijo un conocido sanitarista émulo de Carrillo -a modo de ejemplo- : “No puede haber proyecto de salud sin proyecto político”.

Lo que sí está es el intento de imponer el modelo económico neoliberal en su tercera versión vernácula. La salida de Prat Gay y la llegada de Dujovne priorizan el nuevo formato de la ortodoxia post-consenso de Washington estructurado alrededor de las “metas de inflación”. En lugar de priorizar “metas de empleo”. Sin embargo los primeros indicadores de 2017 no acompañan la predicción del presidente del Banco Central.

Con respecto a Dujovne, se presenta como un comentarista de la realidad diciendo “lo que hay que hacer” pero no de qué forma. Como diría Gramsci, “el optimismo de la voluntad”. Plantea bajar impuestos, reducir el déficit fiscal (dijo bajar el gasto público). Aumentar inversión en infraestructura (dijo gasto público en infraestructura), combatir el empleo informal. Plantear la reforma laboral, la reforma tributaria, sacar el impuesto al cheque. Muchas medidas contradictorias. En fin, lo rídiculo sería que se transforme en un comentarista de sí mismo. Todo es posible igualmente ya que haciendo gala de un doble standard moral -rasgo distintivo del gobierno- habló de reducir la planta del Estado y el mismo fue empleado del Senado sin asistencia conocida desde 2012. Por lo pronto, nadie habla más de la redistribución del ingreso, uno de los fundamentos de la presencia del Estado en las democracias occidentales hace ya casi un siglo. Ni de reducir la desigualdad, de la que, como ya dije, hubo un aumento peligroso para la estabilidad social.

Desde la oposición peronista -pese al descalabro por la derrota y algunos errores del último gobierno- en el trasfondo se ve la esencia del proyecto: una sociedad más igualitaria, con distribución del ingreso, un Estado presente, una economía sostenida por la producción y las pymes con protección del empleo, entre otras cosas. El peronismo originario y el kirchnerismo ya se encuentran unidos por un hilo de oro en la historia. Sería de necios, distraídos o malintencionados desconocerlo. Pero también es cierto que el futuro demanda renovar la  expresión. Puede ser un “peronismo francisquista” que no debe confundirse con esa versión lavada de laudatismo bobo ecologista funcional a la hipocresía de un sector de la sociedad. La “Laudato SI” es una declaración de guerra -perdón por usar esta palabra en un documento del Santo Padre-, al capitalismo en su versión depredadora: el neoliberalismo recalentado actual. Las declaraciones del Papa a El País en una entrevista internacional ratifica esa postura. También interpela con nueva agenda a las sociedades y Francisco -a la vez-, destila peronismo.

Este 2017 se inició de modo preocupante, un país en recesión con caída de la actividad económica y pérdida de empleo, un intento de rediseño de la economía hacia una matriz, como mínimo exclusiva desde lo social, un ministro de hacienda -comentarista- optimista de la voluntad, un país endeudado y con predicción de inflación más altas que las metas autoimpuestas por el Banco Central. Pero, por sobre todo, un gobierno sin rumbo político claro. Muchos especialistas llaman a este período el tercer ciclo neoliberal en la Argentina. Uno comenzó en 1976, el otro fue en los noventa. Los resultados los conocemos todos. Son parte de nuestra triste historia. El gobierno es el principal responsable que aquello no se repita. Pero desde la oposición el desafío es ofrecerle a la sociedad una alternativa viable, con liderazgo y proyecto, con épica y capacidad para convocar mayorías.

(*)   Magister en Ciencia Política. Abogado. Profesor de Derecho Político. Fue Presidente de la Operadora Ferroviaria S.E. y Director Nacional de Asuntos Políticos y Reforma Política. e/o

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