22 DE NOVIEMBRE DE 2017 |
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Sra. Gobernadora: soy médico cirujano en el Hospital Rossi de la ciudad de La Plata y veo con gran preocupación lo que está sucediendo en el hospital público. En mi caso particular, estudié la carrera de medicina en la Universidad Nacional de La Plata durante 7 años, luego realicé la residencia de cirugía 5 años en el mismo hospital donde hoy trabajo, y actualmente llevo mi segundo año como médico cirujano de guardia, trabajando 36 horas semanales.

Durante mi carrera en el hospital he visto que la atención a los pacientes, a pesar del esfuerzo de todo el personal hospitalario por dar lo mejor de sí, se encuentra muy por detrás de las necesidades de todas las personas que llegan para atenderse.
Yo decidí apostar al hospital público y, como dije, es el lugar donde trabajo actualmente. Continué estudiando y formándome después de haber egresado para poder dar a los pacientes la mejor atención posible. No soy el único, la mayoría de mis compañeros de trabajo continúan por el camino de la capacitación y el estudio permanente. Quiero contarle también, aunque quizás ya lo sepa, que estas capacitaciones son siempre costeadas por nosotros mismos ya que el Ministerio de Salud no brinda capacitaciones gratuitas a los profesionales de la salud.

Lamentablemente, el sostenimiento de este compromiso se ha convertido en una carrera de obstáculos. Todos los días estamos expuestos a situaciones de violencia, algunas que terminan con lesiones graves hacia los profesionales, atendiendo en un edificio muy venido a menos, con falta de insumos y recursos tecnológicos, y por un sueldo de $16.000 (como es mi caso), sólo $2.000 por encima de la línea de pobreza que mide el INDEC.
Entienda Ud. que la voluntad por trabajar y el compromiso nuestro es muy grande para poder seguir adelante. Pero veo con mucha preocupación que, a pesar de los discursos del ministerio de salud de “hospitales humanizados”, nada ha cambiado en este año y medio de gestión. Incluso, y producto del aumento de la pobreza, cada vez son más las personas que se atienden en el hospital. Esto es algo que empezamos a notar los trabajadores de salud y que comentamos diariamente entre nosotros. Desde siempre nos hemos preguntado qué otra prioridad puede tener un gobierno que no sea la salud de la población. ¿Hay acaso algo más urgente e importante?

A las malas condiciones económicas y de infraestructura, quienes trabajamos en la salud pública se nos suma tener que vivir cotidianamente la angustia de lidiar con una situación en la que no podemos brindar la atención necesaria ni tratar los casos en el tiempo y forma que deberían hacerse. Por ejemplo, es algo completamente habitual que las drogas que utilizamos para tratar a pacientes oncológicos demoren en llegar mucho más tiempo del que deberían. Esto, como verá, provoca problemas para todas las personas que nos vemos involucradas: para los pacientes que no saben cuándo podrán empezar con el tratamiento, y para nosotros, los médicos, que nos vemos imposibilitados de trabajar porque esos medicamentos no llegan. Vemos como las enfermedades avanzan sin poder dar una respuesta. Ante problemas así nuestra impotencia es enorme.

La he escuchado decir que “los paros de los médicos son políticos”. ¿Sabía que la gran mayoría de mis compañeros del hospital han votado por usted en las últimas elecciones, esperando un cambio real que aún no ha llegado a los hospitales públicos de la provincia? Ni siquiera en lo que se retribuye como salario de los que trabajamos en el hospital todos los días. Entiendo, y la mayoría comparte, que recibió la provincia en malas condiciones pero, ¿no le parece que en lugar de permitir aumentarse los sueldos más de 50% a los diputados y senadores o sacarle el impuesto a la minería y los agronegocios, sería mejor destinar esa plata a la salud y atención de nuestros pacientes de los hospitales públicos?

Señora gobernadora, si Ud. está realmente convencida que la salud de los bonaerenses es parte de sus prioridades, como dijo en su discurso de asunción, la invito a que se acerque a nuestro hospital, que no es distinto del resto de los hospitales de la provincia, y vea en qué condiciones están internados nuestros pacientes, dónde se bañan, qué es lo que comen y se dará cuenta que lo que Ud. dice o cree es muy diferente a lo que sucede en la realidad. Quizás eso sirva para que la salud pública sea la prioridad del Estado.

Dr. Manuel De Battista
Esp. Clínica Quirúrgica
MP 116595

El Gobierno Nacional propone un cambio de reglas que, según afirman, le permitiría al país desarrollarse económicamente y, en consecuencia, ser más equitativo socialmente. Ahora bien, ¿este Estado genera condiciones para conseguir ese objetivo? Mi respuesta es negativa. ¿Puede este Estado contribuir al “desarrollo”? Decididamente, no.

Por Torcuato Sozio (Director Ejecutivo de la Asociación por los Derechos Civiles)

Veamos algunos factores preliminares que aportan al respaldo de esta posición: en primer lugar, permanentemente, contraemos deuda para pagar gastos corrientes del Estado; e incluso destinamos fondos a las provincias para que ellas mismas puedan hacer frente a sus propios gastos corrientes. ¿Quién invertiría en un país donde los recursos se escurren mes a mes? Claramente, nadie.

Nuestro Estado siempre se caracterizó por ser acromegálico, ineficiente, prebendario. Durante las tres presidencias kirchneristas, el exceso fue extraordinario: entre 2003 y 2013, el empleo creció en un 71%; los salarios se incrementaron en tal magnitud que hoy cualquier actividad equivalente en el sector privado se remunera en aproximadamente un 20% o 30% menos.

Esta situación se da en los tres niveles del Estado, nacional, provincial y municipal, con normas que, ineludiblemente, llevan a la ineficiencia: existen falsas paritarias en las que el empleador no negocia para preservar un razonable nivel de remuneración y de reglas de empleo. ¿Por qué un ministro gana 160.000 pesos en un país empobrecido? Resulta casi ingenuo plantear que todos deberían dar, como servidores públicos, un ejemplo de austeridad. Y, más allá de los sectores de conducción del Estado, la postura debería derramarse hacia todos los niveles. Años atrás, el Dr. Ernesto Kritz probaba, con un interesante estudio, que el sector estatal está predominantemente constituido por personas de clase media y media alta; efectivamente, son quienes cuentan con el acceso a la red de contactos para hacerse de esas posiciones y perpetuarse en ella en todos los poderes y niveles del sector público.

Esta deplorable situación no se resuelve con despidos, mecanismo por demás incompatible con el principio constitucional de estabilidad en el empleo público, que comparto personalmente y que está basado en la idea de que cada gobierno, de no primar este principio, podría incurrir en el despido arbitrario de quien no es afín a él. Existen así medidas alternativas a tomar: fundamentalmente, hacer un verdadero congelamiento de todas las plantas con la firma de un acuerdo de amplio alcance; extender el horario de trabajo que, en la mayoría de los casos, constituye un tercio menos que el de un trabajador privado; establecer mecanismos de capacitación reales y no simbólicos, ficticios, simulados, con el solo objeto de cumplir con normas y burocracias pero sin objetivos claros. Es imprescindible que los empleados puedan desempeñarse en el puesto de trabajo en el cual se los necesita, es decir, debe instalarse con fuerza radical el principio de movilidad: cada ‘servidor público’ debe estar en el puesto donde el Estado más lo necesite y donde pueda contribuir de mejor modo a que los ciudadanos reciban buenas atenciones de salud, educación, justicia, administración.

Con certeza, muchos ciudadanos, en especial aquellos más humildes y marginados, no sepan en detalle cómo gasta el Estado en sus recursos humanos... Es hora de exigir a nuestros servidores públicos que honren su labor y contribuyan a  hacer de su fuerza de trabajo, un recurso eficiente para la sociedad que los sustenta.

Iba a arrancar la editorial de hoy argumentando la necesidad del paro nacional. Después me di cuenta que a los macristas no les va a importar, porque piensan que somos todos kirchneristas; a los kirchneristas tampoco, porque ahora todos los paros les parecen bien; a los policías ideológicos de la izquierda les va a parecer tibio; y finalmente a los laburantes que viven diariamente los motivos del paro no hay nada que argumentarles, ni explicarles. Entonces preferí pensar qué hay detrás del paro, qué es lo que subyace, lo que no se ve en la superficie, a simple vista. Y ahí me dí cuenta que detrás de ese debate lo que hay es un escenario difícil para el gobierno de Mauricio Macri. Ante pocos resultados económicos que mostrar, el gobierno decidió volver a alimentar la grieta.  El desafío para el campo popular parece ser poder ver más allá.

Por Germán Mangione (La Brújula)

“Es un paro político”, repiten desde cada uno de los estrados públicos que tiene el gobierno. Ministros, secretarios y hasta el mismo presidente le cargan una intencionalidad supuestamente vinculada a la llegada de un año electoral.

Demás está discutir que toda acción pública es política, porque en realidad lo que intentan transmitir es que las protestas son alimentadas con fines políticos partidarios.

Por si esto del paro político no fuese claro, algunos funcionarios hasta le ponen nombre. Esto es culpa del peronismo, y si no alcanza del kirchnerismo.
La teoría no es nueva ni se limita a lo sindical. No es nueva porque la creación de un enemigo contra el cual confrontar y que representa todo lo perjudicial para la sociedad (y por ende el gobierno lo beneficioso), ya la usó el kirchnerismo. Y no se limita a lo sindical porque, al igual que la gestión anterior, el gobierno de Mauricio Macri empezó a utilizar este axioma en otros ámbitos.

“Tienen animosidad”, dijo el ministro de Educación de la Nación sobre la jueza en lo Laboral Dora Temis, quien dictó este jueves una medida cautelar que ordena la convocatoria a una paritaria nacional docente; tal como venían reclamando los gremios del sector. El ministro de Educación, Esteban Bullrich, anticipó que apelará el fallo. Pero no se quedó en lo judicial, se lanzó a cuestionar los supuestos motivos ocultos (partidarios y sectoriales) que tendría la jueza.

Al igual que en el paro, inflar la grieta tiene un motivo especial: dejar de discutir lo de fondo. ¿Qué provocó el paro? ¿Qué se reclamó ayer? ¿Qué inicio la causa judicial que dio como resultado el fallo de la jueza?

No hay respuestas para los desastrosos números de la industria, que esta semana según el INDEC tuvo una capacidad ociosa del 40%, una de las más altas en años.
En Santa Fe, la utilización de la capacidad instalada en la industria de la región alcanzó en el último trimestre de 2016 el 65,9% de los recursos; apenas un poco mejor que el promedio nacional (impulsado por la agroindustria), pero claramente menor en relación al mismo período de 2015.

No hay respuestas para los miles de despidos en ramas enteras de la producción (pese al supuesto acuerdo que las cámaras empresarias habían hecho con el gobierno), las suspensiones en las automotrices o directamente el cierre de industrias.

Se intenta no poner en discusión cómo un trabajador va a recuperar su poder salarial; si mientras se proponen aumentos del 19 ó 20%, las tarifas siguen aumentando significativamente.
No se habla de los maestros y el sueldo docente, elijen hablar de la jueza o de los dirigentes docentes.

Por supuesto que tienen base sobre la que inflar la grieta. La dirigencia sindical (que es la misma que quienes hoy la bancan, ayer la demonizaban) da todos los elementos para ser cuestionada. Cargos eternos, secretarios empresarios, vida ostentosa y todo lo que puede ser cuestionado de un dirigente sindical. Sin embargo, el gobierno no los cuestiona por esa naturaleza antiobrera, sino como método de no discutir lo que los trabajadores (que finalmente son los que empujaron desde abajo la medida) tienen como reclamo.

Lo mismo sucede en torno a la supuesta partidización, cuando los kirchneristas de paladar negro se suman a los reclamos al grito de “vamos a volver”, o aparecen como Camilo y el Che bajando de la Sierra Maestra después de años de silencio ante reclamos similares.

Tienen con qué inflarla, lo que no significa que los reclamos sean inválidos o injustos.
Y eso no es todo, porque nosotros o algunos de nosotros quedamos entrampados en discutir “esa” grieta, la que infla el gobierno; la otra, la histórica y verdadera crece y nos devora.

Mientras ayer discutíamos cuánto tenía de partidista, de político o de animoso el paro, en el Foro Económico Empresario de América Latina, que se desarrolló en Puerto Madero y que en la jerga empresarial fue denominado el mini-Davos de la región, Macri invitaba a los inversores a “que vengan a invertir y se van a poder llevar la plata”. "Están en el lugar y el momento justos", los invitó.

Y ahí, en ese ámbito, lo que se está discutiendo no es ni más ni menos que la causa del paro. Porque ahí está resumida la propuesta de la gestión. Vengan a invertir, que acá habrá facilidades.

En ese camino encontramos el decreto que modificó la Ley de ART, para intentar garantizarles a las empresas menos litigiosidad laboral. Así, por ejemplo, General Motors que suspendió/despidió a 350 trabajadores, tendrá la seguridad de que si hace la misma cantidad de autos con menos gente y esto provoca más lesiones, no habrá más juicios.

En ese mismo camino, les aseguró a las exportadoras de cereales asentadas en nuestro Paraná que el Estado pondrá 11 mil millones de pesos (entre Nación y Provincia) para mejorar los accesos a los puertos, y así abaratar costos y mejorarles la rentabilidad. A pesar de que con la quita de retenciones se ahorraron 48 mil millones de pesos esas mismas empresas, les garantizamos -afirma Macri- que la plata para las rutas que este modelo impuesto por ustedes destruye, las vamos a pagar nosotros.

Y así la lista crece. Salarios atados a la productividad, permisos de exportación especiales, homologación de despidos injustos, etc.
Y son esas “facilidades” que ayer ofrecía el macrismo, las causas mismas de la conflictividad social y no tal o cual dirigente. Seguramente más de un oportunista político aprovechará esta coyuntura para intentar llevar un poco de lluvia para su balde. Pero lo que hay que preguntarse es qué genera la tormenta.

Ahí, está la grieta. Donde estuvo siempre. Entre los que mandan y los mandados, entre los dueños y los adueñados. Nada más y nada menos que entre los de arriba y los de abajo.

Pero mientras no visualicemos la verdadera grieta, va a ser difícil no quedar en medio de una disputa que no es nuestra.

Como siempre la cosa está en nuestras manos. Nos guste o nos pese, en algún momento vamos a tener que definir como pueblo si seguimos discutiendo entre nosotros o empezamos a pensar de una vez por todas cuáles son las causas, y no solo las consecuencias visibles, que originan nuestros padecimientos. Vas a ver cómo ahí se te aparece clarita la verdadera grieta.

El diputado nacional Facundo Moyano criticó la respuesta del gobierno nacional frente al paro general de la CGT y comparó su actitud a la del kirchnerismo. “Es preocupante que desde hace años se le otorgue mayor importancia a confrontar que a gobernar”, señaló el diputado del Frente Renovador en un artículo de opinión publicado hoy en el portal Infobae titulado “el gobierno debe estar por encima de las divisiones.

Moyano criticó en su artículo el alejamiento que muchas veces se provoca entre “la política y en los medios de comunicación” y la sociedad. “Nos encerramos en relatos ficticios, discusiones estériles y disputas ideológicas lejanas de la realidad cotidiana de los argentinos”.  Y sostuvo: “durante la última presidencia de Cristina Fernández de Kirchner mientras se insistía en una supuesta ‘batalla cultural’, la economía entraba en recesión y los indicadores sociales caían. La discusión acerca de la grieta ocultaba que los problemas económicos no encontraban otra salida que patear la pelota para adelante a través de la emisión monetaria que alimentaba la especulación financiera, cuyo retrato más acabado fue el negocio del ‘dólar futuro’ que aún hoy pagamos todos los argentinos”.

El joven diputado compartó la respuesta al paro general de la CGT del actual gobierno Mauricio Macri con el de la ex presidente Cristina Fernández de Kirchne. “El gobierno anterior solía menospreciar las opiniones y manifestaciones opositoras. Frente a los cinco paros generales de su última gestión su reacción fue la misma: estigmatizar dirigentes, hacer foco en los piquetes, fomentar en las redes #YoNoParo y culpar a la herencia recibida en 2001. El mismo tratamiento se le daba a las manifestaciones opositoras. ‘Son los que quieren ir a Miami” o “compran dólares y los guardan en una caja de seguridad’, mientras el gobierno ofrecía un tipo de cambio que fomentaba esos gastos”.

Luego hizo un diágnostico de la actualidad económica que enfrenta el país. “Según datos actuales del Indec, que ya no oculta la realidad, la pobreza ha continuado su camino ascendente. A esto se suma que el año pasado los trabajadores formales y los jubilados perdieron entre un 7% y un 10% de su poder adquisitivo. Aun cuando se cumpla la expectativa de crecimiento del gobierno del 3.5% para 2017, la oferta de una paritaria del 18% parece poco para los asalariados que ya sufrieron un fuerte ajuste en 2016”.

En ese contexto remarcó: “Es natural que aumente la conflictividad social en un país donde sus habitantes pueden manifestarse con libertad, respetado siempre a un gobierno elegido democráticamente. El Presidente hoy estigmatiza a los mismos dirigentes sindicales con los que brindó a fin de año. Las huelgas generales pueden no ser simpáticas, pero son parte de la vida democrática en la mayoría de los países donde las instituciones funcionan”. Y afirmó: “preocupa que de nuevo se haya elegido confrontarlas en vez de pararse por encima de ellas. Un presidente debe gobernar para todos” porque “un gobierno que se encierra sobre sí mismo jamás podrá llevar adelante la unidad de todos los argentinos”

Link columna de opinión: http://www.infobae.com/opinion/2017/04/08/el-gobierno-debe-estar-por-encima-de-las-divisiones/

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