18 DE ENERO DE 2018 |

Para usar la cobertura de salud.

También existe la opción de cambiar la Obra Social asignada luego de cobrar el primer haber previsional.

Jubilados y pensionados deben realizar el empadronamiento a una Obra Social

Toda persona que percibe una jubilación o pensión tiene derecho a la cobertura de una Obra Social, incluyendo a su grupo familiar primario, así como todo trabajador en relación de dependencia, monotributista y titulares de una Prestación por Desempleo.

Cuando la ANSES envía al jubilado la resolución que otorga el número de beneficio (jubilación o pensión), también adjunta el Comprobante de Empadronamiento (CODEM), que es la constancia del ingreso de los datos de identificación del titular y su grupo familiar.

Este comprobante, que puede ser solicitado luego por la Obra Social, también puede imprimirse desde www.anses.gob.ar, sección Accesos Rápidos, opción CODEM (Obra Social), y elegir Obtenga su Constancia.

Cambio de Obra Social

Asimismo, la ANSES recuerda que, al percibir su primer haber, el titular podrá optar por otra Obra Social de las que figuran en el listado disponible en todas las delegaciones del organismo y en www.anses.gob.ar, Categorías, Jubilados y Pensionados, Información relacionada, Obra Social, Archivos.

El cambio se puede realizar en cualquier oficina de la ANSES o ante la Obra Social una vez por año con la presentación del formulario PS.5.5 Novedades/Opción de Traspaso. Esta modificación puede efectuarla también un tercero, con la firma del jubilado certificada por autoridad competente (judicial, notarial y policial), bancaria (titulares que tengan su firma registrada), consular (argentinos residentes en el extranjero), o director de hospital, clínica o sanatorio (para titulares internados).

Luego del cambio, el jubilado o pensionado recibirá la cobertura a partir del primer día del tercer mes; la fecha de vigencia constará en el CODEM.

Más información

Es importante destacar que las constancias de CUIL, CODEM, Certificación Negativa e Historia Laboral emitidas a través del sitio web de la ANSES no requieren la autenticación con sello y firma de un agente del organismo.

La obligatoriedad de la cobertura integral de leche medicamentosa para consumo de quienes padecen alergia a la proteína de la leche vacuna (APLV) por parte de las obras sociales y prepagas de salud, fue oficializada a partir de su publicación en el Boletin Oficial.

La oficialización de la norma, que había sido aprobada mediante las ley 27305 el 19 de octubre pasado, dispone además que la cobertura incluye también a aquellos pacientes que "padecen desórdenes, enfermedades o trastornos gastrointestinales y enfermedades metabólicas" y que no existe límite de edad para esta cobertura.

La ley entrará en vigencia dentro de 90 días y alcanza a "las obras sociales enmarcadas en las leyes 23.660 y 23.661, la Obra Social del Poder Judicial de la Nación, la Dirección de Ayuda Social para el Personal del Congreso de la Nación, las entidades de medicina prepaga y las entidades que brinden atención al personal de las universidades, así como también todos aquellos agentes que brinden servicios médico-asistenciales a sus afiliados independientemente de la figura jurídica que posean".

Fuente: Télam

21 de junio: Día Mundial de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Vilma Efesi tiene 64 años, hace 10 que padece ELA y 8 que se la diagnosticaron. Su historia cambió, pero destaca el apoyo de la familia y el equipo multidisciplinario que le garantiza la cobertura de IOMA. Una especialista revela detalles de esta patología neurológico degenerativa que afecta a unos 2000 argentinos y en la que cada vez se toma más en cuenta la calidad de vida y autonomía del paciente.

En 2004 Vilma Efesi tenía 54 años y una vida cargada de actividades, como la de llevar adelante su comercio de ropa y calzado sin descuidar su casa, ni a su marido y sus dos hijos varones. Por aquellos días comenzó a sentirse rara.  “Se me aflojaban las piernas, no podía caminar. Me caía en la calle”, cuenta, síntomas que la llevaron a deambular por los consultorios de una docena de médicos hasta dar con el que le dio el diagnóstico correcto. 
Vilma tiene Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), que afecta a la humanidad desde hace muchos siglos, aunque, hoy por hoy, es poco lo que se sabe de ella. En nuestro país se hizo “popular” porque la padeció el genial escritor y humorista Horacio Fontanarrosa, fallecido en 2007. Y hay entre 2.000 y 3.000 argentinos con este diagnóstico. 
“Es una enfermedad neurodegenerativa que afecta  las motoneuronas y la conexión entre el cerebro y la médula espinal”, explica la neuróloga Alejandra Figueredo (*), agregando que  “la afectación de este sistema condiciona que no se pueden realizar los movimientos voluntarios de los miembros superiores, los miembros inferiores, y los músculos que están relacionados con las funciones de hablar, tragar y respirar”. 
El presidente de IOMA, Antonio La Scaleia, sostiene que en el abordaje de esta enfermedad se está tomando muy en cuenta “la calidad de vida, la autonomía del paciente, la contención psicológica y la asistencia en los momentos más tardíos”, a través de un equipo multidisciplinario.
Son 45 los afiliados con este diagnóstico que se encuentran en el padrón de IOMA Más Cerca. Este Programa se encarga de que “los trámites tengan un tratamiento administrativo más rápido”, pero también de “sostener la calidad de vida” de los pacientes, “ya que necesitan que alguien los escuche y se ponga en su lugar”, destaca Karina Massera, una psicóloga social que forma parte del equipo de trabajo de ese sector tan especial en la obra social.   
Vilma comenzó con los primeros síntomas diez años atrás, pero recién hace ocho que la diagnosticaron. Ella había escuchado hablar de “esclerosis múltiple, pero no de esto”.  
“El psicólogo que me atendió en el centro de rehabilitación me ayudó a tomar conciencia de lo que era la enfermedad y a estar preparada. Él citó a mi familia, a uno por uno”, recuerda Vilma, para explicarles  “cómo encarar este problema”. 
Juan Carlos (69) conoció a Vilma hace 50 años, trabajando como camionero con el padre de ella. El noviazgo duró 6 años y llevan ya 43 de casados. Cuando el médico le informó que su esposa padecía ELA, tampoco “sabía que era esto”, confirma. “Es dificilísimo, porque sin tener esta enfermedad, la tenemos. Te absorbe y la tenemos que mirar, no nos queda otra”, describe.
Vilma admite que no advirtió enseguida la gravedad de su cuadro: “Pensé que podía mejorar. Pero después, mirando y viendo otros casos, me di cuenta de que la única esperanza era que saliera alguna medicación. El médico me dijo que están estudiando, pero todavía no hay nada más que lo que tomo”, que son 13 pastillas por día. 
La doctora Figueredo explica que “la enfermedad puede comenzar por la afectación de un brazo o una pierna”, lo que se traduce “en problemas para caminar, con caídas. También pueden presentar fasciculaciones musculares (contracciones de los músculos), rigidez y atrofia muscular”. Según la profesional, “el diagnóstico es clínico”, basado “en las manifestaciones y los síntomas, sustentado por algunos estudios que se realizan para descartar otro tipo de enfermedades, ya que no existe un marcador”. Por eso, destaca, es necesario que “el diagnóstico esté a cargo de profesionales que se dediquen a este tipo de patologías que son las enfermedades neuromusculares”, a partir de lo cual  “el paciente requiere de una evaluación por un equipo multidisciplinario para encarar el tratamiento”.

“Que no tenga cura no significa que no se pueda tratar”
“Tengo una empresa que me asiste, con un kinesiólogo, una psicóloga, una especialista de manos y las dos chicas (una acompañante y una enfermera) que están todo el día ayudándome”, cuenta Vilma, sin pasar por alto que “en estas enfermedades lo principal es tener una buena obra social”, porque sin ella “no tendría la medicación y todo lo que necesito, como un baño que esté preparado para mis necesidades.  IOMA me cubre todo”.
Efesi y su familia tienen contacto directo y permanente con el Programa IOMA Más Cerca. “Las chicas me llaman siempre, están atentas a que la droga llegue a tiempo y si necesito algo. Nunca pensé que se preocuparan tanto por la gente”, dice.
“A partir del diagnóstico, la enfermedad debe ser tratada por un equipo multidisciplinario conformado por neumonólogos, nutricionistas, fonoaudiólogos, psicólogos y profesionales especializados en rehabilitación y muchos otros que deben tener un conocimiento acabado de las enfermedades neuromusculares”, confirma Alejandra Figueredo, ya que “hay toda una serie de síntomas pasibles a recibir tratamiento”. 
En este punto la especialista pone la lupa en dos cuestiones: “Que una enfermedad no tenga cura no significa que no se pueda tratar”, y “nadie aprende a nadar cuando se está ahogando. Es importante que el paciente y la familia vayan estableciendo una relación de confianza mutua hacia el neurólogo, que es el que dirige todo este concierto de especialistas que van a intervenir en la enfermedad”.
Vilma y Juan Carlos pronuncian varias veces la palabra esperanza. “Esperanza de que antes de que cierre los ojos haya una medicación que me de una mejor calidad de vida o que frene la enfermedad. No importa que esté en silla de ruedas”, aclara ella, porque  “cada día esto avanza”. Sin embargo, le aconseja a  “todos aquellos que tengan esta enfermedad que tengan fe, porque no a todos les toca igual. Hay gente que en poco tiempo no camina, y yo todavía  me movilizo”.  
Figueredo reconoce que la evolución de esta “enfermedad es variable en cada paciente”, ya que puede hacerlo lentamente o mucho más rápido. “Evoluciona de manera progresiva –explica-, con alteraciones de la fuerza muscular y respiratoria”.

Vivir con ELA
“Cuando me detectaron esta enfermedad y todavía me podía mover, un amigo que tiene negocio me dijo que fuera dos veces por semana a la caja para distraerme. De la enfermedad ni me acordaba, pero me fue avanzando y tuve que dejar”, recuerda Vilma, quien a pesar de todo sigue proyectando “hacer algo”, como “vender ropa acá, con una chica”. 
Por lo pronto, se entretiene con “internet, leyendo o escuchando música. Tengo amigas que me visitan, me ayudan, y mi nieta de 7 años que es un tesoro, lo más maravilloso que me pasó, porque me hace reír”. Pronto Vilma será abuela de nuevo, de otra nena. No pasa por alto “el apoyo de mi marido”, con el que “llevamos juntos la enfermedad” y la asistencia del psicólogo que le hizo  “entender que la enfermedad le viene a cualquiera y no es un castigo”. 
“Todos los días me parece mentira tener esta enfermedad. Es más, yo sueño y en los sueños jamás me veo así.  Me veo caminando, pero bueno, le pongo el pecho porque así es mi carácter”.

Causas y efectos
Consultada sobre las causas de la enfermedad, Alejandra Figueredo explica que “se han propuesto muchas, como el medio ambiente, la exposición a tóxicos, las infecciones y hasta el ejercicio muy intenso, pero la realidad es que la causa no se conoce”.
“Aparece entre los 50 y los 60 años, pero la variabilidad de la edad de comienzo evolutiva y de las formas clínicas que adopta la enfermedad es muy amplia. Antes de los 40 afecta más a hombres que a mujeres, pero después de los 40 o 50 comienza a emparejar la cantidad de afectación” en ambos sexos. 
Actualmente la ELA es prioridad de investigación en nuestro país hasta el 2020, a través del Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.


(*) Alejandra Figueredo es médica dedicada a  Enfermedades Neuromusculares y Electromiografía.  Trabaja en Hospital San Roque de Gonnet, el Español de La Plata y en consultorios Del Solar, en Gonnet. 
Es miembro fundador de la Sociedad de Neurología de La Plata y de la Sociedad Latinoamericana de Enfermedades Neuromusculares. 
Miembro titular de la Sociedad Neurológica Argentina y perteneciente al Grupo de Enfermedades Neuromusculares.

 

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