22 DE OCTUBRE DE 2017 |

La coalición de izquierda ideó la iniciativa por las denuncias de corrupción contra el presidente del gobierno español, con su líder Pablo Iglesias como candidato alternativo.

La coalición de izquierda Unidos Podemos presentó este viernes su moción de censura contra el presidente del gobierno español Mariano Rajoy, con su líder Pablo Iglesias como candidato alternativo pese a que no cuenta con los apoyos suficientes para superar la votación.

"Aquí y ahora se puede echar del gobierno al Partido Popular (PP)" de Rajoy, dijo Irene Montero, vocera parlamentaria del grupo tras registrar la iniciativa en el Congreso de los Diputados español.

"Es la alternativa de un país nuevo que no tolera más las prácticas corruptas de saqueo de lo público del PP. Basta ya de corrupción, de ensañamiento y de no entendimiento de la realidad plurinacional del país", añadió la diputada morada.

Junto con la moción de censura, la formación de izquierda también convocó una concentración contra la corrupción del PP mañana en la madrileña Puerta del Sol bajo el lema "Hay que echarlos".

Aunque Rajoy y su PP están cada día más acorralados por los escándalos de corrupción, a raíz de investigaciones que pusieron bajo sospecha campañas electorales y que también apuntan a delitos graves de cohecho, salvo una sorpresa, Iglesias fracasará en su intento por desalojarlo del poder.

Montero admitió que actualmente hay más votos en contra que a favor de la moción, ya que Unidos Podemos sólo cuanta con 67 diputados, más el respaldo seguro de los cuatro diputados de Compromís, y no pudo convencer a ninguno de los otros dos principales partidos opositores, el Partido Socialista (PSOE), y los liberales de Ciudadanos, para que acompañen la iniciativa.

Para prosperar, la moción de censura necesita contar con el respaldo de al menos 176 diputados de los 350 de la Cámara Baja, y nada indica que Iglesias pueda recabar esos apoyos.

Unidos Podemos registró la propuesta apenas 48 horas antes de la crucial votación interna del PSOE en la que se elegirá al nuevo Secretario General socialista, lo que fue visto como una "intromisión" en ese proceso electoral.

La formación de izquierda también convocó una concentración contra la corrupción del PP mañana en la Puerta del Sol bajo el lema "Hay que echarlos".

Fuente: Télam

Pablo Iglesias ya tiene ganada la fama de líder 2.0 por excelencia, pero en los últimos seis meses se reveló como un estratega: pasó de ser la voz de los indignados, a arrebatarle a los socialistas el papel de alternativa de izquierda en el gobierno de España.

De 37 años y politólogo, Iglesias es ahora el candidato a la presidencia de Unidos Podemos, la coalición de izquierda que se sitúa en segundo lugar en la carrera hacia La Moncloa –sede del Ejecutivo español- a sólo 4 puntos de Mariano Rajoy, presidente en funciones y líder del Partido Popular (PP).

De materializarse el "sorpasso" (adelantamiento) de la nueva izquierda al histórico Partido Socialista (PSOE) que pronostican las encuestas, Iglesias sería el candidato legitimado a liderar el cambio político en España.

Con Rajoy sin aliados a la vista, Iglesias tiene la presidencia del gobierno al alcance de la mano, aunque, cuanto más se refuerce, más difícil será un acuerdo con los socialistas, a quienes él les dio la espalda.

El joven dirigente nacido el barrio madrileño de Vallecas, de larga melena recogida en una cola de caballo, jeans y camisa, hizo historia en las pasadas elecciones del 20 de diciembre cuando su partido, Podemos, irrumpió en el Parlamento español como tercera fuerza.

Su victoria hizo realidad el sueño de esas personas que secundaron el movimiento de los indignados o 15M que tomó las plazas de España en mayo de 2011 reclamando un cambio político y social, que ha sido el germen de Podemos.

Pero desde que Iglesias se sentó por primera vez en el Congreso de los Diputados parece que corrió mucha agua bajo el puente.

Primero reclamó el protagonismo que creía merecido proclamándose vicepresidente de un eventual gobierno de coalición de izquierda liderado por el socialista Pedro Sánchez. Luego dio un paso atrás para facilitar un acuerdo en un movimiento táctico que tampoco funcionó y finalmente, convocados los nuevos comicios, cambio de estrategia, aliándose con el líder de Izquierda Unida (IU), Alberto Garzón.

Considerado un "outsider" de la política española, que rompió todos los esquemas y que forjó su liderazgo en la televisión y en las redes sociales, si algo demostró Iglesias en este tiempo es pragmatismo, además de ser un maestro del marketing político.

La carrera electoral también le sienta bien, ya que se ha convertido en un experto corredor, diseñando camino y cambiando de táctica dependiendo de los desafíos que plantea la competición.

En 2014, apenas unos meses después de crear Podemos, sin estructura, y siendo él el principal candidato enarbolando un discurso antiajuste similar al de sus socios griegos de Syriza, obtuvo cinco diputados en la Eurocámara.

Así comenzaba una carrera meteórica que puede acabar en la presidencia del gobierno o, lo que es más probable, con el liderazgo de la izquierda española. Ya que, por caprichos de la historia, un hombre que fue bautizado en honor al fundador del PSOE, puede terminar hundiendo a este partido es su peor crisis.

Nacido en Madrid el 17 de octubre de 1978, escritor, profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense -es Doctor, licenciado en Derecho y master en Comunicación y Humanidades-, el líder de Podemos dio sus primeros pasos políticos en las juventudes comunistas, donde militó durante la adolescencia hasta los 21 años.

Además, fue activista antiglobalización, como politólogo asesoró a gobiernos latinoamericanos, como Venezuela y Bolivia, pero no fue hasta el surgimiento del movimiento de los indignados que entró en política, al ver que se abría una "ventana de oportunidad" para un nuevo partido de izquierda.

Junto a un grupo de profesores universitarios diseñó una estrategia, que resultó efectiva, y que pasaba por copar con su mensaje los medios masivos de comunicación y las redes sociales.

Iglesias era el hombre perfecto, ya que contaba con su propio programa de tertulia política, La Tuerka, en un canal de TDT y luego en la web. En 2013 logró su primera aparición en la gran pantalla y desde ahí no paró.

A principios de 2015, Podemos subía imparable en las encuestas y se situaba detrás del PP. Entonces, Iglesias decidió imprimir un giro de centro al partido, con la mirada puesta en las elecciones regionales y municipales de mayo. Generó críticas, pero las alianzas territoriales que tejió le permitieron obtener importantes triunfos, siendo Barcelona y Madrid los más emblemáticos.

Sin embargo, con la entrada del partido liberal Ciudadanos en la contienda, Podemos perdió terreno. Iglesias rechazó aliarse con IU y planteó una "remontada", dejando claro que quería ser el referente de la nueva socialdemocracia, un espacio que creía que el PSOE había abandonado. No le fue nada mal, terminó tercero.

En su campaña de diciembre todavía rehuía a la dicotomía entre izquierda y derecha, ya que prefería hablar de "la casta" contra el "pueblo", pero a la hora de negociar la formación de gobierno, dejó claro que sólo había dos opciones: un gobierno de derecha de Rajoy o un gobierno de coalición de izquierda con Podemos y el PSOE.

Al dirigente antiajuste se le reconoce que es ágil con las nuevas tecnologías y maneja los debates de TV como ninguno, pero en un ámbito clásico de la política, como el Parlamento, se mostró muy duro y agresivo con sus rivales, al punto de que su imagen se vio resentida, según las encuestas.

Lanzó dardos envenenados y de uno de ellos se arrepiente, cuando dijo en el fallido debate de investidura de Sánchez que el ex presidente socialista Felipe González tenía "el pasado manchado de cal viva", en referencia a la "guerra sucia" contra ETA.

Su negativa a apoyar a los socialistas -sus condiciones eran la coalición y la celebración de un referéndum secesionista en Cataluña- le valió muchas críticas e incluso tuvo que superar un terremoto interno, por la dimisión de diez miembros de la cúpula del partido en Madrid, cercanos a Íñigo Errejón, su socio y el alma más conciliadora de Podemos, que era partidario de un acuerdo.

Aquella batalla también la ganó Iglesias, que apostaba, igual que Rajoy, por una nueva elección. "Nos ha faltado una semana y un debate", había dicho en diciembre. Tras las negociaciones los sondeos indicaban que Podemos retrocedía, mientras IU subía. Tomó nota y, ésta vez, acordó con Garzón.

En la nueva campaña, impulsado por las encuestas, insiste en que "Unidos Podemos y el PSOE están llamados a gobernar juntos".

Iglesias apenas participó en mítines, donde Errejón y Garzón -el líder mejor valorado por los españoles- son los protagonistas. Él se reservó para las redes y la TV con la intención de suavizar su imagen. Allí ahora habla bajito, intenta no provocar al PSOE, y convencer a todos de que es más socialdemócrata que comunista. El programa de Podemos fue presentado en el formato de un catálogo de la tienda de muebles sueca Ikea.

En Twitter no para de dar la nota. Parafraseando el lema del PP, estos días causo furor con el tuit: "PP=Con-Fianza". Su estrategia lo colocó más cerca que nunca de la Presidencia, pero aún parece estar lejos. (Télam)

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